ESPACIO PARA LA DISCUSION LIBRE Y PLURAL, DE LA INTERACCION DE LA GENETICA Y LA SEXUALIDAD HUMANA Y SUS REPERCUSIONES CULTURALES Y ETICAS EN EL MUNDO CONTEMPORANEO

GENETICA , SEXOLOGIA Y BIOETICA

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CD. DE MEXICO, D.F., Mexico
MEDICO GENETISTA, SEXOLOGO.ACADEMICO DE LA FACULTAD DE MEDICINA UNAM. MIEMBRO NUMERARIO DE LA ACADEMIA NACIONAL MEXICANA DE BIOETICA. LABORATORIO DE GENETICA PRE Y POSTNATAL.DANTE NO.36, DESPACHO 606 COL. NVA ANZURES. TEL.5255-3275 ASESORIA GENETICA,CARIOTIPOS ,AMNIOCENTESIS Y TRIPLE MARCADOR. rafaelrico46@gmail.com CEL: 55-3117-8796 facebook.com/leon.rafik

UN POEMA TE PUEDE AHORRAR 300 HRS DE PSICOANALISIS

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TRANSFERENCIA DE NUCLEO DIPLOIDE

ENSAYOS Y ARTICULOS

domingo, 27 de febrero de 2011

REEMPLAZO DE RODILLA


JAMA Patient Page
JAMA. 2011;305(8):844. /
Knee Replacement

Janet M. Torpy, MD, Writer; Cassio Lynm, MA, Illustrator; Robert M. Golub, MD, Editor
KEYWORDS: KIDNEY FAILURE, KIDNEY TRANSPLANTATION, ORGAN TRANSPLANTATION.
More than 500 000 persons in the United States have knee replacements each year. The most common reason for knee replacement is osteoarthritis. Osteoarthritis is destruction of the cartilage (supporting tissue between layers of a joint) and can occur at any joint in the body, but the knees are often the first site. Osteoarthritis causes pain, stiffness, limitation of motion, and swelling in the area of the joint that has arthritis. Rheumatoid arthritis, destruction of joint cartilage by an immune process, affects joints differently. Persons with rheumatoid arthritis often have deformities in the joints, along with pain, swelling, stiffness, and problems in other areas of their bodies. Referral to an orthopedic surgeon and evaluation for knee replacement may be offered when other treatments for osteoarthritis or rheumatoid arthritis fail. Orthopedic surgeons are doctors with specialized education in the diagnosis and treatment of bone and joint disorders.
TESTING BEFORE KNEE REPLACEMENT

Diagnostic x-rays of persons with osteoarthritis demonstrate collapse of the knee joint, indicating destruction of the cartilage and meniscus (fibrous tissue). Magnetic resonance imaging (MRI) may be used for evaluation of knee pain, in addition to x-rays. Knee arthroscopy, a surgical procedure, examines the inner surfaces of the knee joint. Knee arthroscopy allows for evaluation and treatment of the ligaments, tendons, and cartilage involved in the knee joint, as well as debridement (removing damaged tissues) within the joint. Patients have a medical evaluation by their primary doctor (or specialists, if needed for their specific medical conditions) before knee replacement, since joint replacements are major surgery. This may include cardiac (heart) testing, evaluation of lung function, or improving control of high blood pressure and diabetes in order to reduce the chance of complications.
TYPES OF KNEE REPLACEMENT SURGERY•

Total knee replacement uses metal or plastic parts, or a combination (the prosthesis), to replace both surfaces of the knee joint and the kneecap (patella).

•Partial (unicompartmental) knee replacement involves only one side of the knee joint.

•Computer-assisted knee replacement relies on specialized digital technology to guide the procedure.

•Minimally invasive knee replacement uses smaller skin incisions.
COMPLICATIONS OF KNEE REPLACEMENT

•Infection after knee replacement can be serious. Antibiotics are given before the surgical procedure starts to protect against infection. In severe cases of infection, a person may need to be hospitalized to receive intravenous antibiotics or supportive care. Sometimes the prosthesis has to be removed and specialized antibiotic treatment given before a replacement (a revision) is considered.
•Poor pain relief may occur, despite good surgical results.
•Blood clots are a serious complication of joint replacement. Your surgeon will prescribe a blood thinner after the operation (and in some cases, before surgery) to reduce this risk. The use of pneumatic compression stockings and early ambulation (movement) also helps lessen the chance of blood clots.

•Prosthesis malfunction may require another procedure to fix or replace the parts.

FOR MORE INFORMATION

•Arthritis Foundation
http://www.arthritis.org
•American Academy of Orthopaedic Surgeons
http://www.aaos.org
•National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases
http://www.niams.nih.gov

INFORM YOURSELF

To find this and previous JAMA Patient Pages, go to the Patient Page Index on JAMA's Web site at http://www.jama.com. Many are available in English and Spanish. A Patient Page on knee pain was published in the April 18, 2007, issue, and one on osteoarthritis of the knee was published in the February 26, 2003, issue.
Sources: American Academy of Orthopaedic Surgeons; Arthritis Foundation, National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases, World Health Organization

ME ENCANTA DIOS


Me encanta Dios.
Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de manos.

Nos ha enviado algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo-, la vida, sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.

A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso, que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.

Mueve una mano y hace el mar, y mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -se agita y crece- cuando Dios se aleja.



Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de la luz, el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

Jaime Sabines - México




viernes, 25 de febrero de 2011

ABORTO Y MISOGINIA

De racismo, clasismo y derechos reproductivos
Gabriela Rodríguez
LA JORNADA,25 DE FEBRERO 2011
El republicano Mike Pence, de la Cámara de Representantes, presentó una iniciativa para cortar los fondos federales que se destinaban a Planned Parenthood of America (PPA), organización que comenzó hace 95 años cuando Margaret Sanger, una enfermera neoyorquina, fue a dar a la cárcel por ofrecer los primeros servicios de control natal” en el continente. Eran tiempos en que el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos estaba ligado a reivindicaciones como el derecho al divorcio y al voto femenino.
Históricamente, Planned Parenthood of America ha sido blanco de ataques muy violentos, los cuales también se han perpetuado hacia otros países de su red internacional de pertenencia: la International Planned Parenthood Federation (IPPF), cuyo miembro en México es Mexfam. La PPA ofrece en EU servicios integrales de salud sexual y reproductiva que incluyen anticoncepción y nuevas tecnologías para mujeres y sus parejas, consejería y educación sexual integral para adolescentes, prevención y detección del cáncer cérvico uterino, de ITS, de VIH/sida y de VPH.
También brinda servicios de aborto seguro desde 1973, después del caso Roe versus Wide, en que el derecho a la privacidad se extendió para que las mujeres estadunidenses pudieran acceder al aborto, lo cual costó que algunos de sus médicos fueran asesinados por los defensores de los “no nacidos” o “pro-lifers” (grupos pro-vida). En los años 80 del siglo anterior sobrevivió pese a las políticas anti-choice y de castidad para adolescentes impulsadas por Mr. and Mrs. Reagan y, en la primera década del presente siglo, PPA resistió los embates de George W. Bush y los congresistas republicanos, quienes congelaron los fondos internacionales para la salud reproductiva y suspendieron el financiamiento federal a los servicios de aborto en Estados Unidos. Hasta hoy, PPA mantiene servicios de salud reproductiva con fondos federales y ha logrado sostener los servicios de aborto con fondos de donantes particulares y activistas. Médicos y personal de salud de los centros de PPA siguen siendo víctimas de los pro-lifers, en la era de Bush recibieron 40 bombazos, 406 actos de acoso, 112 asaltos, tres secuestros y 16 intentos de asesinato.
Los pro-lifers, a quienes nunca les han preocupado las madres embarazadas ni violadas, tampoco el destino de los hijos no deseados, han difundido mentiras sobre supuestos efectos traumáticos y hasta cancerígenos en quienes se realizan un aborto. Pero desde 1989, la American Psychological Association y la American Psychiatric Association concluyeron que el aborto legal no crea daño sicológico. Algunos efectos emocionales del aborto son relativamente benignos: representa una experiencia de maduración para algunas mujeres, la mayoría tendrá hijos más tarde, quienes acceden a un aborto suelen tener mayor autoestima que las que se niegan a terminar un embarazo no deseado, el efecto depresivo post-aborto es menor (se presenta en 20 por ciento de casos) que el efecto post-parto (en 70 por ciento). Seis meses después del aborto la experiencia se asimila, sin embargo, 95 por ciento de quienes dieron en adopción un hijo no deseado presentan angustia y sentimientos de pérdida, hasta 15 años después de haberlo hecho. Otros estudios longitudinales reportan baja calidad de relación a lo largo del ciclo de vida, entre madres e hijos no deseados. Los factores relacionados con efectos sicológicos severos del aborto son: retraso al solicitar el aborto, aborto forzado ante un embarazo deseado, depresión y problemas siquiátricos prexistentes, percepción conflictiva hacia el aborto y situación de ilegalidad.
El más reciente número de New England Journal of Medicine reporta un estudio longitudinal que demuestra que no hay evidencia de problemas mentales post aborto. Se estudió a mujeres danesas que se realizaron por primera vez un aborto en el primer trimestre del embarazo en comparación con quienes tuvieron su primer hijo durante 1995 y 2007. Se encontró que la tasa de contacto siquiátrico no varía al comparar nueve meses antes y 12 meses después del aborto, y sin embargo aumenta en las mujeres que dieron a luz un hijo (Trine Munk-Olsen et al, N Eng J Med 2011, Jan 27; 364 (4): 332-339).
Anualmente 3 millones de mujeres, hombres y adolescentes obtienen servicios médicos y de salud reproductiva en los centros de PPA, más de 1.2 millones de adolescentes reciben educación sexual, un millón de mujeres, hombres y adolescentes de otros países reciben servicios en sus programas de apoyo internacional y más de 15 millones recibe información y orientación en uno de los más didácticos portales electrónicos de la red: www.plannedparenthood.org.
El presidente Obama suspendió en el tercer día de su mandato la ley mordaza, la cual prohibía el financiamiento y la defensa del aborto en el mundo. Sin embargo, la nueva mayoría de republicanos alcanzada en las votaciones intermedias ha fortalecido a las huestes fundamentalistas. Hoy buscan terminar con los servicios de las clínicas de PPA, un mes después de rechazar la iniciativa de Obama para el acceso universal a servicios de salud. De eso se trata, de limitar los derechos de quienes tienen menores ingresos: los hispanos y la gente de color. La reforma no contempla qué pasará con las 1.85 millones de mujeres pobres que reciben servicios médicos y de salud reproductiva en las clínicas de PPA, pero nos confirma que el racismo y el clasismo están detrás del persistente ataque contra los derechos sexuales y reproductivos.

Nota: Felicitaciones a Joaquín Vargas por saber rectificar y un abrazo a Carmen Aristegui por su regreso.
grodriguez@afluentes.org

martes, 22 de febrero de 2011

LOS VENCIDOS,LOS MARGINADOS :LOS INDIGENAS




La insurgencia cultural indigenista de León-Portilla
Patrick Johansson K.*


LA JORNADA,22 DE FEBRERO 2011
En este febrero de 2011 que se sitúa todavía en la estela festiva-conmemorativa del bicentenario de la Independencia, el vocablo insurgencia” cobra un valor propio y remite inconfundiblemente a la gesta bélica que culminó con la fundación de México como nación libre y soberana. Participaron en ella criollos, mestizos, españoles, así como los pueblos originarios, primeros pobladores de esta tierra. Estos últimos podrían haber pensado que la victoria final los libraría del yugo español y que el atributo identitario de “mexicanos” que les iba a conferir la constitución cambiaría todo. De hecho, el yugo dejó de ser español pero no dejó de ser yugo, y la segregación institucional que confinaba a los indígenas en “pueblos de indios” o los relegaba en la periferia de las urbes coloniales, se mudó en marginación socio-económica dejando estigmas muy parecidos.
Explotados y menospreciados, los indígenas habían sido, de alguna manera, culturalmente reconocidos durante el periodo virreinal. Unas cédulas reales, aunque raramente aplicadas, los amparaban contra todo tipo de abusos y contribuían a preservar su identidad. Por otra parte, la vitalidad cultural indígena había permeado los espacios españoles y criollos de la sociedad novohispana generando asimismo esta cultura mestiza tan mexicana.
A partir de la Independencia, conforme a ideales republicanos y progresistas, la sociedad mexicana buscó homogeneizarse eliminando supuestos atavismos indígenas que parecían entorpecer el desarrollo del país. Paradójicamente, la especificidad cultural de los pueblos nativos que había sido reconocida durante la Colonia se volvió un sinónimo de miseria en este nuevo contexto socio-político. El término “indio”, despojado de sus referentes culturales, adquirió matices retrógradas afines.
En el ámbito académico, a la curiosidad y al exotismo que caracterizaron el primer acercamiento a los pueblos originarios, sucedió un interés más objetivo, científico, que condujo al rescate de muchos documentos valiosísimos, dejando sin embargo un abismo entre el indígena prehispánico o “indio muerto” al que se podía reivindicar cómodamente mediante imágenes o nociones fosilizadas, y el indio vivo, objeto de estudios etnográficos serios pero… que estorbaba.
Es en este contexto social y académico que se sitúa la obra de Miguel León-Portilla, una obra inicialmente orientada hacia el pasado prehispánico que rescata y revaloriza paradigmas atemporales del pensamiento indígena. “Conocer su historia es, como en el sicoanálisis, trabajar en su propia emancipación”, escribió el filósofo francés Luc Ferry. Como historiador, filósofo y filólogo, Miguel León-Portilla dio a conocer una cultura indígena prehispánica que había escogido una manera de ser en la tierra, una vida cuyos paradigmas culturales revelaba una grandeza de espíritu y una opción existencial válida. Ponía a los indígenas contemporáneos “en posesión” de un pasado del que habían sido despojados, del cual podían estar orgullosos y que constituía, en muchos aspectos, los fundamentos de lo que podría ser su existencia hoy día. Este conocimiento de sí mismo propiciaba su emancipación cultural.
Sin menospreciar las aportaciones de numerosos investigadores mexicanos y extranjeros, quienes realizaron trabajos valiosos, podemos afirmar que la obra de León-Portilla representa un parteaguas en la historia de los estudios mesoamericanos. Se pasó de unos estudios eruditos, objetivos, pero que reducían la otredad del indígena, en el marco de los valores predominantes en el contexto cultural del investigador, a una aproximación humanista, la cual, sin dejar de ser históricamente objetiva, permitía una visión empática de la cultura de “los vencidos”, vencidos quienes, de alguna manera, fueron también vencedores, ya que su lengua y su cultura se han mantenido vigentes hasta nuestros días.
El indigenismo de Miguel León-Portilla es un indigenismo militante, activo. Considera al hombre nativo de México, provisto de los atributos culturales de su razón de ser, desde los tiempos precolombinos hasta nuestros días. Pugna para que la dignidad deje de ser un concepto vago, abstracto e ideológicamente manipulable y se concrete en derechos constitucionales; para que la piedad y la conmiseración condescendientes que despierta, en el mejor de los casos, la condición de los indígenas, se convierta en un reconocimiento que enaltece.
Por otro lado, lo que define a la cultura mexicana, en gran parte, son las culturas indígenas vigentes. Sus aguas subterráneas, invisibles para muchos pero que nutren la raíz mestiza de México, permiten a nuestro país seguir floreciendo con esta diversidad que le es propia y que lo distingue de otras naciones.
En este contexto histórico, Miguel León-Portilla figura como un “insurgente”, un humanista que se subleva en contra del olvido y de la inercia, con las armas culturales contundentes y a veces punzocortantes de sus libros, sus artículos en periódicos y revistas, o sus intervenciones ante diferentes instancias políticas de la nación; en favor de los indígenas y para bien de México.
Miguel León-Portilla también es un prócer que nos está dando patria. Ma cualli motlacatiliz iilhuiuh, temachtiani. ¡Feliz cumpleaños, maestro!
* Doctor en letras por la Universidad de París, discípulo de Miguel León-Portilla



Pilar de la cultura mexicana
El historiador cumple 85 años y recibe un homenaje en la UNAM
Gobierno y sociedad arrinconan a los indígenas: León-Portilla
No puedo permanecer en una torre de marfil sin el contacto con los jóvenes, dice
“Este gobierno encendió un fuego que no puede apagar, porque el negocio de la droga es tremendo”
Mónica Mateos-Vega
Periódico La Jornada
Martes 22 de febrero de 2011, p. 4
Hoy cumple 85 años Miguel León-Portilla. Historiador, antropólogo, especialista en filosofía nahua, apasionado estudioso de la literatura en lengua náhuatl y uno de los más férreos defensores de los derechos indígenas en el país.
En medio de la celebración a su vida y su obra, su voz se escucha fuerte y precisa: “México me duele. Este gobierno encendió un fuego que no puede apagar, porque el negocio de las drogas es tremendo: matan a uno y entran 10 nuevos. Como va ahora, es una guerra que no tiene fin. ¿La solución? Para mí, sería la educación”.
En entrevista con La Jornada, el autor del clásico libro Visión de los vencidos (1959), afirma: “La educación pública es clave para el país, porque es donde se van a formar los cuadros que luego nos van a dirigir.
“Otra opción sería legalizar las drogas. Espero que los futuros candidatos a la Presidencia hablen de todo esto, de cuáles serán sus políticas de gobierno concretas contra este flagelo espantoso, que digan qué piensan de la inseguridad y de los pueblos indígenas, pero no nada más palabras, sino ante notario, pues lo que prometan lo vamos a exigir.
“En los textos nahuas dice que cuando tomaba posesión un nuevo tlatoani el pueblo le decía: ‘no te creas gran cosa tú, el señor nuestro, que es como la noche y el viento, se fijó en ti para que nos guíes, pero tienes que hacerlo, no te ensoberbezcas, no vayas a traicionarnos, porque si lo haces vamos a tomar el palo y la piedra’.
“Sí, eso habría que decirles a nuestros gobernantes: ¿crees que vienes aquí para hacerte millonario? No. Tú eres, como dijo Morelos, el siervo de la nación, y si no cumples: palo y piedra.”

Juventud acumulada
De buen humor, don Miguel asegura de entrada: “no soy viejo, lo que tengo es juventud acumulada” y recuerda, con esa memoria prodigiosa a la que no se le escapa una fecha, un rostro, un diálogo o un detalle, que su pasión por el México antiguo se debió a que tuvo la suerte de conocer, desde muy joven, al antropólogo Manuel Gamio (1883-1960), quien era su tío.
El iniciador de la antropología moderna en el país, añade León-Portilla, lo llevó a conocer, de niño, sitios como Teotihuacán o Cuicuilco, “entre otros lugares que me descubrieron el mundo indígena. Cuando fui mayor me decía: ‘no pienses solamente en los indígenas de la filosofía y la poesía náhuatl, piensa también en los de hoy, que están muy necesitados’. Gracias a él conocí al padre Ángel María Garibay (1892-1967), filólogo e historiador, quien al principio me causaba temor, pues un día lo fui a ver para decirle que quería estudiar la poesía náhualt y me dijo: ‘¿usted sabe esa lengua?’ Le respondí que no.
“Me contestó: ’si usted quiere meterse en esto debe saber náhuatl, mire, le voy a regalar mi Llave del náhuatl (1940), regrese en 15 días y me dice las dos primeras lecciones, si no las ha aprendido mejor ni venga, porque no pierdo el tiempo ni con tontos ni con flojos’. Pensé, ¡este señor es terrible!, pero después me entendí muy bien con él, lo seguí frecuentando hasta su muerte.
“Así empecé a leer desde joven a (Francisco Javier) Clavijero con su historia antigua de México, y sentí una gran atracción por ese mundo; luego me acerqué a las traducciones que había hecho Gamio, publicadas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la poesía indígena de la Altiplanicie y la épica náhuatl. Yo estaba estu-
diando filosofía en Los Ángeles, California, estaba haciendo mi tesis sobre las dos fuentes de la moral y la religión de Henry Bergson.
“Me encontraba leyendo a los presocráticos y entonces me topé con un texto de Garibay que citaba a los antiguos mexicanos, quienes expresaban esto: ‘¿podemos decir acaso palabras verdaderas en la tierra?, todo es como un jade que se hace pedazos, como un plumaje de quetzal que se desgarra’, y dije, se parece a los presocráticos, ¡yo quiero estudiar eso!”

Fructífero andar del investigador
Así comenzó el fructífero andar de León-Portilla como investigador y, sobre todo, como docente: “tan sólo en la UNAM cumplo ya 54 años como maestro, algo que ha sido vital para mí. No concibo el estar en una torre de marfil investigando sin el contacto con los jóvenes, estaría perdido, porque ellos son un acicate, preguntan, me renuevan y comienzo a acumular juventud.
Miguel León-Portilla, autor del libro clásico Visión de los vencidosFoto María Luisa Severiano
“Escribo para mis colegas, claro, para que opinen, pero también para los jóvenes. Por eso hice el libro Visión de los vencidos, pero cuando lo publiqué hubo personas de cierto prestigio, de las que no diré sus nombres porque me parece tan triste lo que dijeron, que me comentaron: ‘los indios eran tan tontos que ni siquiera se dieron cuenta de lo que les pasaba’.
“Para ese libro, Garibay me dio las traducciones, luego yo lo he enriquecido con propias, se ilustró maravillosamente con copias que le encargamos al gran grabador Alberto Beltrán. Es un trabajo que ha cautivado mucho, José Emilio Pacheco dice que es de obligada lectura para todos los mexicanos, me lo han pirateado varias veces, tanto aquí como en España, pero le hablamos al Jurídico de aquí, porque es un libro propiedad de la UNAM, no mío.
“Hay otro, del que sí voy a decir cómo se llama, Manuel Romero de Terreros, quien trabajaba en el Instituto de Investigaciones Estéticas, conocido como el marqués de San Francisco, quien cuando vio mi tesis sobre la filosofía náhualt, dijo: ‘qué pendejada es ésta, es lo que nos faltaba, que los indios tenían filosofía’. Le decían, no te burles, el padre Garibay dirigió esa tesis, y él seguía: ‘el curita ese tiene embaucados a muchos diciéndoles que los indios pensaban y escribían’.
“Pero dígame, acaso no es filosofía lo que dice esta maravillosa poesía: ‘Con flores escribes lo que ha de existir en la tierra, con cantos das color, sólo en tu libro de pinturas existimos, dador de la vida. Y cuando te canses, borrarás lo que has pintado’. Espero que el dador todavía tarde un ratito y no me borre”, dice don Miguel y suelta una carcajada.

Nuevo libro, en dos meses
León-Portilla reitera que tanto las autoridades como la sociedad “hemos fallado al darle la espalda a los indígenas, los hemos dejado arrinconados, los despreciamos, los despojamos. Muchos viven en regiones de refugio, en las peores, sus lenguas son despreciadas, su economía muy débil, la asistencia sanitaria precaria.
“Una vez Ernesto Zedillo acudió a El Colegio Nacional y le pregunté por qué no mandaba ya los acuerdos de San Andrés para su discusión y aprobación al Congreso, me dijo que no quería fraccionar a México en un montón de paisuchos. Le respondí: ‘¿usted conoce a algún grupo que quiera la independencia?, no es lo mismo autonomía que soberanía.
“No se va a fraccionar el español, al contrario, cada lengua originaria es como un mirador que se abre y me hace pensar de una manera diferente gracias a esa lengua. La humanidad tiene así muchos torreones desde los cuales ver la realidad, cuando una lengua muere se cierra una ventana y la humanidad se empobrece.
“Por eso, en mi libro más reciente, que saldrá en un par de meses, propongo que está muy bien lo de la Independencia de México, el que seamos un país laico, la Revolución, ¿y los indios qué? Fortificar su cultura es importantísimo.
“Desde hace muchos años lucho para cambiar esa situación, por ejemplo, actuando con mis alumnos, apoyando sus lenguas, creando la casa de escritores en lenguas indígenas, escribiendo, denunciando cosas, tratando de formar personas, insistiendo.”
Entre las decenas de proyectos en las que participa en la actualidad, Miguel León-Portilla anuncia que también se prepara para escribir sus memorias.
El homenaje al historiador para celebrar sus 85 años se realizará este martes, a partir de las 11 horas en el salón de actos del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Participarán Clementina Díaz y de Ovando, Ángeles González Gamio, Patrick Johansson; Alicia Mayer, Estela Morales, Pilar Máynez, José María Muriá y Eduardo Matos Moctezuma.


domingo, 20 de febrero de 2011

COMO HACER UN POEMA

Francisco Torres Córdova
LA JORNADA SEMANAL,20 DE FEBRERO 2011

Hacer un verso

Una palabra que puede generar una frase, que puede llegar a ser un verso, que junto a otros tal vez levanten un poema; en medio cierta habilidad natural o aprendida con el lenguaje, una elemental o buena formación en el estudio de los recursos de la retórica, suficiente práctica en los formas de versificación y de la estrofa, de las clásicas a las modernas o libres, una aceptable intuición del ritmo, buenas lecturas, tenacidad, paciencia.... Y sin embargo, el verso lleno de sentido parece resistirse: para que se escuche el “escándalo milagroso de la palabra humana”, como dice George Steiner, se requiere de mucho más, es decir, silencio; ese silencio primordial que conmueve a la materia de la vida, que es precisamente lo que en el verso la palabra busca y reconoce, y que acaso apenas alcanza y apenas articula. Porque sin la pausa mínima y abismal de ese silencio entretejido en la singular secuencia de un verso, las palabras ya no piensan, ya no escuchan y por lo tanto se empantanan, se funden en una masa amorfa y muda. En rigor, la mínima distancia entre la palabra y el verso o el poema es un espejismo. En la mancha de tinta en la página, se engaña al ojo que lee para alumbrar al ojo del alma que insiste en la escritura, que la hace, la concentra y la desata. Entonces el verso, hecho de palabras, parece estar en otra parte, o bien, las palabras ya no son lo que solían, sino tal vez un borde, un cerco que delinea el espacio de sentido, para que contra sus muros golpee el rumor del soplo de la vida, del espíritu. Rilke lo describe así: “Para escribir un solo verso es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas [...] Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a la otra, de gritos de parturientas y de leves, blancas, durmientes paridas que se cierran. Es necesario haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en las habitaciones con las ventanas abiertas y los ruidos que vienen a golpes. Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar a que vuelvan. Pues lo recuerdos mismos no son aún esto. Hasta que no se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos se eleve la primera palabra de un verso.” (Los apuntes de Malte Laurids Brigge.)
En esa “hora muy rara” el sentido se concentra y se desdobla en la palabra que hará el verso que, quizás, hará el poema. Pero para eso, entonces, la palabra ha de ser la más precisa. Y ni una más, ni una menos; como diría nuestro Ramón López Velarde: habrá de expulsarse cualquier sílaba ociosa.
ftorrescordova@yahoo.com

lunes, 14 de febrero de 2011

SEXUALIDAD Y NEUROHORMONAS




La oxitocina, conocida como “hormona del cariño”, genera lazos afectivos: Montemayor
Un solo abrazo desencadena las sustancias que mitigan el estrés
Acariciar a una mascota logra disminuir la tensión arterial, la ansiedad e incluso la depresión
Emir Olivares Alonso
Periódico La Jornada
Lunes 14 de febrero de 2011, p. 41
Para los humanos, el contacto físico es una necesidad, una fuente de bienestar que los hace sentir protegidos, amados y reconocidos por el otro. Tan sólo un abrazo desencadena sustancias químicas que ayudan a reducir el estrés y a entablar lazos emocionales.
La piel posee receptores sensitivos que envían señales a la corteza cerebral. Este mecanismo permite percibir frío, calor, caricias, cosquillas, pellizcos y si una superficie es suave o áspera.
Georgina Montemayor, académica del departamento de anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica que al recibir un abrazo, un apretón de manos o una caricia, el cerebro libera oxitocina, también conocida como hormona del cariño, la cual permite el apego y que los seres humanos se busquen los unos a los otros.
“Cada zona del cuerpo está representada en la corteza cerebral: párpados, orejas, pies, órganos sexuales, piernas, nuca. Por eso donde nos toquen vamos a sentir, aunque hay partes, como manos y labios, que ocupan mayor espacio en la corteza cerebral, por tanto, son más sensibles al estímulo.”
Con ayuda de la resonancia magnética (que permite hacer imágenes del funcionamiento del cerebro), los científicos han observado que al recibir un abrazo, un apretón de manos o una caricia se libera oxitocina.
Esa sensación de bienestar con un amigo, los padres o la pareja “se logra gracias a la oxitocina y a la vasopresina, que se parecen mucho. La segunda aparece más en hombres y la oxitocina la produce más el sexo femenino”.
Eso explica por qué las mujeres pasan gran parte del tiempo con amigas y por qué les gusta ser abrazadas constantemente.
“Para que un abrazo produzca oxitocina suficiente para una mujer debe durar cuando menos un minuto, y tiene que ser tranquilo, no como los que dan muchos hombres, con palmadas o golpecillos en la espalda. Las mujeres no abrazan así, incluso hasta nos mecemos al abrazar; a los varones esa cercanía los pone nerviosos.”
Estudios científicos internacionales han demostrado lo relevante que es para los mamíferos el contacto físico. Monos bebés fueron separados de sus madres y colocados en jaulas con dos sustitutas artificiales: una figura de alambre que les proveía leche y otra de felpa que no los alimentaba. La sorpresa de los investigadores fue grande al descubrir que las crías se acercaban con mayor frecuencia a esta última. El contacto con la felpa satisfacía su necesidad de consuelo.
La especialista de la FM destaca que el ser humano no puede desconocer la principal herencia de los mamíferos: vivir en grupo. “Para eso necesitamos lazos, que se logran gracias a la oxitocina.”
Durante la Segunda Guerra Mundial se crearon albergues para los pequeños, sobre todo recién nacidos, que habían perdido a sus padres. Las enfermeras los bañaban, vestían y alimentaban; sin embargo, muchos bebés morían pronto por la falta de contacto físico estrecho. Los niños necesitan abrazos, caricias, entre otras expresiones del amor materno para sobrevivir.
Otros estudios muestran que gran parte de la depresión de los ancianos se debe a la ausencia de contacto físico con otras personas y no a la falta de sexo.
“La oxitocina genera una sensación de bienestar y calidez. El cerebro del recién nacido establece el contacto visual con la madre por la oxitocina. Ésta tiene funciones fuera del cerebro: en las mujeres aparece en el momento previo al parto, es necesaria para contraer el útero y expulsar al producto; cuando nace el niño hay altos niveles de oxitocina en cuerpo y cerebro. Esto genera apego, pero también pérdida de la memoria; quizás por eso las mujeres se vuelven a embarazar y no recuerdan cuán doloroso fue el parto.”
Pero esta sustancia no sólo aparece durante el contacto físico con el ser amado, amigo o familia, sino también se produce en la interacción con mascotas. “Si durante una semana todos los días al llegar a casa acaricias la panza del perrito, te verá a los ojos en busca de apego. Y a ti, sólo por acariciarlo, se te baja la tensión arterial y la ansiedad, y si estás deprimido, disminuye un poco la depresión..
Sin embargo, esa sensación no se presenta cuando existe contacto con persona que acabamos de conocer, pues es necesario que se generen vínculos afectivos, concluye la investigadora.




El orgasmo produce cambios en la totalidad del cerebro
El coito, uno de los procesos biológicos más complejos, señala especialista
Emir Olivares Alonso
Periódico La Jornada
Lunes 14 de febrero de 2011, p. 41
La relación sexual no es sólo una actividad física, social y cultural, sino uno de los procesos biológicos más complejos, que involucran hormonas y neurotransmisores producidos por el mismo organismo.
Ignacio Camacho Arroyo, académico del departamento de biología de la Facultad de Química (FQ) de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica que durante el coito el cuerpo sufre transformaciones internas, fundamentales en la sensación del placer.
Para que se presente la conducta sexual, los seres humanos deben producir hormonas. En las mujeres suben los niveles de estradiol y progesterona, y en el hombre los de testosterona.
Estas hormonas se producen principalmente en las gónadas (ovarios en el caso femenino y testículos en el masculino), pero también pueden generarse en las glándulas adrenales (importantes para las reacciones al estrés) y en algunas regiones del cerebro.
En la actividad sexual están involucradas sustancias como oxitocina, prolactina, serotonina, dopamina, noradrenalina, el ácido gama amino butírico y opiáceos endógenos como encefalinas y endorfinas.
En el proceso de coito hay infinidad de cambios en los niveles de estas sustancias, lo que permite al ser humano disfrutar de la relación, explica el profesor.
Diversas investigaciones han registrado que en este proceso hay rápidas contracciones musculares, que posteriormente conducen a una total relajación.
Camacho, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, señala que durante el orgasmo “hay un cambio prácticamente total en todo nuestro cerebro”.
En su laboratorio, el profesor de la FQ ha investigado algunas de las consecuencias biológicas del amor. “En términos biológicos, éste es un proceso neuroendocrinológico complejo en el que se manifiestan emociones tanto positivas (seguridad, confianza y euforia), como negativas (ansiedad, obsesión y depresión).”
En este proceso participan diferentes agentes químicos. Por ello “no se puede hablar de una sola molécula del amor. Intervienen de manera importante neurotransmisores. como la serotonina y la dopamina, péptidos como la oxitocina y la vasopresina, que forman los lazos entre parejas, hijos o padres, así como los péptidos opioides que están relacionados con el dolor y el placer”, señala.



Las redes sociales de Internet no pueden suplantar la mirada, el olor o la voz: De la Concha
Ante las dificultades para conocer gente nueva, surgen clubes de citas rápidas
La mayoría de los asiduos son profesionistas entre 30 y 39 años
Los varones buscan más una relación formal, mientras ellas “no están desesperadas por casarse con quien sea”
Fernando Camacho Servín
Periódico La Jornada
Lunes 14 de febrero de 2011, p. 42
“Cierro los ojos y salto al vacío.” Así, como un simple y contundente acto de irracionalidad, definió al amor el grupo de rock argentino Los Auténticos Decadentes. Y ese salto al vacío es un acto que causa pavor entre mucha gente.
Sea por miedo, pereza o falta de tiempo, cada vez más personas recurren a métodos “alternativos” para controlar uno de los fenómenos humanos más complejos, volátiles e impredecibles, como conocer a alguien para iniciar una relación amorosa.
Una de esas herramientas, de aparición reciente en México, son los clubes de citas rápidas, en los cuales los clientes pueden conocer en un par de horas a hombres y mujeres que también buscan una pareja sentimental.
Larissa de la Concha, propietaria del Speed Dates Club, explicó en entrevista con La Jornada que estos espacios han surgido en México desde hace cinco años ante las dificultades que experimentan muchas personas para conocer gente nueva.
“En todo el mundo vivimos una deshumanización de las relaciones. La gente se ha vuelto floja para buscar pareja, y por eso han surgido muchas herramientas en Internet, como las redes sociales. A muchos les gusta ver a los demás como si estuvieran en un catálogo, y se pierde el contacto humano, el estar frente a frente.”
El club organiza sesiones dos veces por semana, donde se reúne a igual cantidad de hombres y mujeres –entre 10 y 12–, quienes pueden platicar uno a uno alrededor de cinco minutos, para después pasar al lugar de al lado y conocer al siguiente prospecto. Cada asistente anota quiénes le llamaron la atención, y si el interés es mutuo, el moderador intercambia datos de ambos.
“Esto no era común hace unos años, pero ahora tenemos parejas de aquí que se han casado, algunas con bebés, o que ya viven juntos, y además han hecho muchos amigos”, afirmó De la Concha.
La mayoría de los asistentes a los clubes de citas rápidas son profesionistas entre 30 y 39 años, a quienes se les cuestiona sobre sus gustos, logros y expectativas, para ver si cumplen el perfil del sitio. “No es un asunto elitista ni de condición socieconómica, pero sí nos interesa que tengan algo que decir.”
Contra lo que se podría pensar,en esos lugares el número de hombres y mujeres interesados es igual, y son ellos los que buscan una relación formal. Ellas van “a ver qué sale”, y no están desesperadas por casarse con quien sea.
A pesar de las ventajas de Internet como método de ligue, consideró De la Concha, es común encontrar ahí fotos e identidades falsas, o relaciones que sólo fluyen mediante el chat, sin sustento en persona.
“La mirada, el olor o la voz no se pueden suplantar con nada. Puedes pensar que no estás solo porque tienes mil amigos en Facebook, pero muchas veces la gente se va aislando, y quizá ha perdido un poquito el piso. Enfrentar al otro nos apanica.”
Fiestas de solteros, otro recurso
Otro recurso “alternativo” para buscar pareja son las “fiestas de solteros”, espacio donde –al menos en teoría– todos pueden tener acceso a decenas de mujeres y hombres ávidos de ligar.
La realidad es que ahí, como en el mundo exterior, también los tímidos se manifiestan. Y suele ocurrir que la soltería es más una imposición del destino que una elección personal.
“Nuestro concepto es tener un lugar para bailar, y que se hagan dinámicas para que la gente se conozca”, informa la voz aburrida de una mujer vía telefónica. Pero las dinámicas no existen. En el salón-terraza donde ocurren los encuentros hay un lenguaje común: bailar, según observó La Jornada.
La mente febril de un buscador de amor podría imaginar estos sitios como un territorio de caza despiadada, pero ya ahí, por momentos tiene más el aspecto de un club de amigos que llevan años reuniéndose para exorcizar la semana, las enfermedades, los recuerdos del ex marido o la ex esposa..
Lo de los años es literal. “Nosotros llevamos cinco viniendo aquí, y hemos podido hacer muchos amigos. La cosa es pasársela bien, porque todos somos iguales, ¿no?”, dice una mujer con evidentes ganas de bailar la tanda de rocanrol que suena en las bocinas.
–¿Pero esto sirve para encontrar pareja?
–Pues... sí. Yo conocí a un par de señores. Lo malo es que los hombres nada más quieren algo de un ratito, y yo ya me cansé de eso.
La mayoría de los presentes esa noche tienen entre 35 y 55 años, son divorciados con hijos y dicen que ya han tenido suficientes experiencias como para conflictuarse por otra. Algunos no salen de la pista, pero otros no tienen la misma desenvoltura. Un hallazgo: también en las fiestas de solteros hay mujeres y hombres a quienes nadie convidó a bailar.
La plática dura hasta donde la cumbia estalla. Después, es un milagro escucharse a 20 centímetros de distancia. Con todo, una mujer que conserva bastante bien la belleza de su juventud se las arregla para hacerse oír y habla con un dejo de sarcasmo sobre su antiguo esposo, de la decadencia silenciosa del amor, de despertar un día sintiendo que al lado dormita un extraño.
–¿Y le gustaría volver a casarse?
–Otra vez me estás hablando de “usted”...
–Perdón, ¿te gustaría volver a casarte?
–Sí... la verdad sí–. Y ríe con ojos vivos, como si estuviera planeando una travesura.




Cambios en la dinámica de relacionarse
Fernando Camacho Servín
Periódico La Jornada
Lunes 14 de febrero de 2011, p. 42
El uso de la tecnología ha generado todo un cambio en la dinámica de las relaciones sociales, sobre todo en lo que se refiere a la búsqueda de una pareja, ya que ha permitido a muchas personas introvertidas salir del clóset y desenvolverse sin ansiedad en el ciberespacio.
Así lo afirmó Oscar Galicia, responsable del laboratorio de neurociencias del departamento de sicología de la Universidad Iberoamericana, quien resaltó las ventajas de Internet como un medio para acceder a una cantidad enorme de personas que buscan satisfacer la necesidad humana de aprecio y cariño.
“Las generaciones más recientes tienen un modo distinto de estar cerca de las personas que los de otras generaciones no teníamos, e incluso a veces nos parecen inverosímiles, como las páginas de búsqueda de pareja en Internet, secondlife, etcétera”, afirmó.
Cuando una persona es extremadamente reservada y se le dificulta el contacto uno a uno, la retroalimentación de los demás puede perturbarla de manera exagerada. “Cuando alguien les frunce el ceño o les hace un gesto de desencanto, les afecta muchísimo, y por eso se vuelven tan afectos a este tipo de interacción.”
Las posibilidades de Internet, con su dinámica emocional indirecta, “ha provocado que muchos introvertidos salgan del clóset, y se vuelvan verdaderos galanes en los sitios web sin sentir pena, temor o ansiedad”.
Para el especialista, los medios cibernéticos han expuesto de manera masiva la necesidad humana de tener cariño y sentirnos reconocidos y apreciados, lo cual no necesariamente quiere decir que en estos días las personas tienen más miedo de estar solos o tienen mayor necesidad de compañía que antes.

LA ETICA Y EL CASO ARISTEGUI

La ética y el caso Carmen Aristegui
Bernardo Bátiz V.
LA JORNADA,14 DE FEBRERO 2011
Siempre he pensado que hablar de un código ético” es un contrasentido; en la Facultad de Derecho, con profesores de primera, como Eduardo García Máynez y Óscar Morineau, aprendí que la diferencia entre la ética y el derecho consiste en que la norma ética es unilateral y autónoma, mientras la norma jurídica es bilateral y heterónoma. En el derecho hay un obligado a cumplir y alguien que tiene la facultad de exigir el cumplimiento; el derecho es dictado y sancionado por el Estado, se plasma en leyes y códigos.
En la ética o moral, en cambio, hay un deber para consigo mismo; el Estado no interviene, no hay en la ética otro juez que la propia conciencia o Dios, si se es creyente. Por ello, que la empresa MVS haya argumentado una falta al código ético como razón para despedir a Carmen Aristegui me parece un abuso y un pretexto. Hay códigos jurídicos y hay principios éticos.
Estoy seguro de que con la propuesta de la misma periodista y conductora, apoyada por miles o decenas de miles de ciudadanas y ciudadanos, la empresa tendrá que rectificar. Como todos los seguidores del programa, no tengo duda en que la profesional, impecable, valiente periodista, como juez de su propia conducta, en el análisis introspectivo de lo que hizo y dijo ante la noticia que tenía que comunicar, está tranquila. Cumplió con su deber de comunicadora de noticias y de comentarista política, lo hizo con pulcritud y con tino, dio a sus oyentes datos corroborables, citó un reportaje anterior de una revista de prestigio y dio cuenta de opiniones que circulaban ya profusamente en las redes sociales; pidió también que la oficina de la Presidencia aclarara y tomara la palabra.
Actuó como lo que es, una periodista libre, independiente, responsable, y su conciencia seguramente le confirma que su conducta fue correcta, actuó cumpliendo con un imperativo ético y, por tanto, debe estar tranquila.
Si MVS no rectifica, ¿podrá decir lo mismo quien tomó la decisión de suprimir el programa? Seguro que no; hace dos años la empresa abrió las puertas del programa a la periodista, en un rasgo de valor y de audacia; demostró entonces independencia frente al Estado y profesionalismo. Carmen había salido de otra empresa que no soportó que en sus programas se dijera la verdad y con ello se incomodara a los poderosos.
Quien le abrió las puertas de su radiodifusora actuó bien entonces; se arriesgó y llevó a cabo un acto de justicia, una acción gallarda de libertad y de dignidad. Ahora dio marcha atrás y si, como se ha dicho, sacrificó el mejor programa de su estación por intereses económicos, su conciencia debe estarle reclamando.
Pareciera un abuso entrar a estos terrenos de lo inmanente y de la conciencia, pero fue la misma MVS o su representante quien nos autorizó a juzgar su acción al tratar de justificar el despido invocando precisamente valores éticos; con ello, la discusión pública se trasladó, legítimamente, del ámbito en que todo podía haber quedado, de tan sólo cuestiones y términos jurídicos y políticos, debates sobre el derecho a expresarse y a informar, a cuestiones éticas, para el despido fulminante; la actitud autoriza a la misma conductora y a su auditorio a exigir la rectificación por razones precisamente de moralidad social.
Al cerrar este artículo no tengo información de lo que haya resuelto la radiodifusora; sin embargo, no salen sobrando las anteriores reflexiones y la siguiente: fuera de la jurisdicción de la moral, y pensando sólo bajo las frías reglas del pragmatismo, MVS habrá dejado su propio futuro en manos ajenas. Si no hay rectificación oportuna, quien decidió el despido apresurado queda en una situación muy comprometida. Si se le concede la ratificación o prórroga de la concesión de que ahora disfruta, creeremos todos que es el pago por la acción que colectivamente descalificamos, pero si a pesar de esa acción la autoridad no le confirma la concesión, su situación será peor; habrá frustración en lo económico y quedará con el desprestigio a cuestas.
Si para cuando se publique este texto hubo ya eco al clamor público y se reanudó el programa, qué bueno para todos; si no, qué lamentable para MVS, pues para Carmen Aristegui y su público, que no se quedarán callados, se abrirán otras oportunidades; en cambio, quienes toman las decisiones en la empresa en su propia conciencia encontrarán un juez persistente y severo.

jusbbv@hotmail.com



Carmen
Néstor de Buen

LA JORNADA 20 DE FEBRERO 2011
A Carmen Aristegui le tengo un gran afecto que se une a mi profunda admiración a su extraordinario papel en el difícil mundo de la prensa y la radio. Somos amigos de trato muy infrecuente, pero he tenido la oportunidad, me parece, de haber participado en algún programa con ella.
Su despido me causó una profunda impresión. Obviamente que lo vi desde la perspectiva laboral y me pareció que su patrón había cometido una barbaridad omitiendo los requisitos formales que se asocian al despido, particularmente la expedición de una constancia en la que se expresen los motivos, en la inteligencia de que omitir ese requisito formal hace por sí mismo injustificado el despido.
Sin embargo, después de leer el amplio mensaje que distribuyó Carmen, advertí que el problema no era obrero-patronal, para utilizar la expresión habitual, sino el resultado de una exigencia de la Presidencia de la República. Afortunadamente las cosas han cambiado y Carmen recuperará su puesto y nosotros su voz.
Al leer su mensaje, que una amiga me hizo llegar por correo, me llamó la atención el respeto y el afecto con el que Carmen se expresa de los socios de MVS, lo que lleva a la conclusión de que en esta historia hay otro culpable y, por lo visto, hubo presión política para la empresa, que se vio en riesgo de perder la concesión, lo que abunda en la tesis vigente de que en esa materia: televisión, radio y prensa, hay un conjunto de favoritos y otro de inconformes, que es abundante, por cierto, pero que sienten una dependencia incómoda del gobierno.
No hay que olvidar el texto del artículo séptimo constitucional, que declara inviolable la libertad de escribir o publicar artículos sobre cualquier materia. Bien cierto es que en el mismo artículo se reconoce la necesidad de respetar la vida privada, la moral y la paz pública. Pero lo que hizo Carmen fue, como tantos otros periodistas, comentar un hecho que ya era más que conocido por haber sido difundido de manera más que gráfica por la televisión.
Desde luego que con ello Carmen no violó derecho alguno ni se colocó en la condición de no respetar sus deberes como trabajadora de una estación de radio. No había motivo de despido, desde luego, ni tampoco de una reacción violenta en contra de la estación por parte del Estado.
Sin la menor duda, los hombres públicos están sujetos a todo tipo de críticas, independientemente de su jerarquía. No podríamos aceptar vivir en un régimen que prohibiera los comentarios desagradables sobre las costumbres privadas de los funcionarios públicos.
En todo caso, podría invocarse que lo que se produjo en la Cámara de Diputados fue un acto de mal gusto, pero hecho en el ámbito donde tienen su actividad principal los políticos, que lógicamente defienden los puntos de vista de sus partidos, y no se puede olvidar lo previsto en el artículo 61 de la Constitución, en el que se afirma que “los diputados y senadores son inviolables por las opiniones que manifiesten en el desempeño de sus cargos, y jamás podrán ser reconvenidos por ellas”.
Es más que evidente que la prensa –presente de manera permanente en los locales del Congreso de la Unión– tiene todo el derecho de dar a conocer cualquier acontecimiento que se produzca de manera pública, ya que esa es su función principal, de la misma manera que resultan válidos, por la misma razón, los comentarios que se puedan hacer públicamente sobre sus dichos.
En el caso especial podría invocarse que no es razonable afirmar que se produce en un funcionario una conducta indebida. Pero la estética de la actuación y, sobre todo, los comentarios públicos que se puedan hacer sobre ella, no puede ser sancionada de manera alguna.
Estamos en presencia, en todo caso, de un problema de mal gusto. A mí me parece que a los políticos se les debe criticar públicamente sobre su conducta política, pero no en la personal, salvo que tenga que ver con sus principales responsabilidades.
También es de mal gusto entrar a caballo en la sede de la Cámara de Diputados, aunque nadie puede dudar del efecto político que pueda tener y que notoriamente se busca.
Me alegra enormemente que Carmen esté de nuevo en su papel habitual, que ejerce de manera brillante. En México nos hace mucha falta contar con comentaristas de los sucesos políticos, y no hay que olvidar el principio fundamental de la libertad de expresión.

domingo, 13 de febrero de 2011

GENOMICA PERSONALIZADA : PERFIL DE RIESGOS



Original Article
Effect of Direct-to-Consumer Genomewide Profiling to Assess Disease Risk
Cinnamon S. Bloss, Ph.D., Nicholas J. Schork, Ph.D., and Eric J. Topol, M.D.
N Engl J Med 2011; 364:524-534February 10, 2011

The use of direct-to-consumer genomewide profiling to assess disease risk is controversial, and little is known about the effect of this technology on consumers. We examined the psychological, behavioral, and clinical effects of risk scanning with the Navigenics Health Compass, a commercially available test of uncertain clinical validity and utility.
Methods
We recruited subjects from health and technology companies who elected to purchase the Health Compass at a discounted rate. Subjects reported any changes in symptoms of anxiety, intake of dietary fat, and exercise behavior at a mean (±SD) of 5.6±2.4 months after testing, as compared with baseline, along with any test-related distress and the use of health-screening tests.
Results
From a cohort of 3639 enrolled subjects, 2037 completed follow-up. Primary analyses showed no significant differences between baseline and follow-up in anxiety symptoms (P=0.80), dietary fat intake (P=0.89), or exercise behavior (P=0.61). Secondary analyses revealed that test-related distress was positively correlated with the average estimated lifetime risk among all the assessed conditions (β=0.117, P<0.001).>
In a selected sample of subjects who completed follow-up after undergoing consumer genomewide testing, such testing did not result in any measurable short-term changes in psychological health, diet or exercise behavior, or use of screening tests. Potential effects of this type of genetic testing on the population at large are not known. (Funded by the National Institutes of Health and Scripps Health.)
Direct-to-consumer genomewide profiling to assess disease risk provides information about a person's genetic risk of 20 to 40 common polygenic diseases. The tests simultaneously genotype approximately 500,000 variant bases of a person's DNA. Consumers can purchase these tests, currently priced between $400 and $2,000, on the Internet.1-4 Consultation with a health care provider is not a prerequisite. Proponents argue that providing this type of information directly to consumers may result in improved compliance with health-screening practices and more healthful lifestyle choices. Skeptics assert that such testing has the potential to cause harm, including anxiety and increased use of unnecessary and expensive screening and medical procedures. The clinical validity and utility of these tests have not been demonstrated, and given their cost, many observers argue that their sale raises consumer-protection issues.
Studies of the psychological, behavioral, and clinical effects of genetic-risk disclosure for single diseases have generally been small and have yielded somewhat mixed findings.5-10 The Scripps Genomic Health Initiative was designed as a longitudinal cohort study to measure the effects of direct-to-consumer genomewide scans.11 Subjects purchased a commercially available genomewide risk scan at a subsidized rate and underwent Web-based standardized assessments at baseline and during follow-up, with the aim of gauging changes in anxiety level, diet, exercise, test-related distress, and use of screening tests.
Methods
Study Design and Instruments
The study was approved by the research ethics and institutional review boards at Scripps Health and Scripps Research Institute. Informed consent was obtained electronically from each study subject. Details regarding the study methods have been reported previously.11
All subjects underwent health assessments at baseline and during follow-up (after receipt of the risk-disclosure report) with the use of a Web-based survey tool, SurveyMonkey.12 The first follow-up assessment was administered 3 months after testing, and the second was scheduled for 12 months after testing. Here we report baseline and 3-month follow-up data.
Our baseline assessment included questions about demographic characteristics, family and individual health history, and attitudes toward genetic testing. Both the baseline and follow-up assessments included measures of anxiety, dietary fat intake, and exercise behavior. Situational anxiety was assessed with the 20-item “state anxiety” subscale of the Spielberger State–Trait Anxiety Inventory.13 A score of 39 or less on the anxiety subscale is thought to indicate a low-anxiety state. Using reliable-change-index methods,14 we estimated that a difference of 12 points or more on this measure between baseline and follow-up would indicate reliable and clinically meaningful change. Dietary fat intake was measured with the use of the 17-item Block Dietary Fat Screener,15 which includes the top sources of fat in the diets of Americans. A score of 23 or more is considered to indicate high fat intake. Exercise was measured with the use of the Godin Leisure-Time Exercise Questionnaire,16,17 which consists of three questions probing the frequency and duration of exercise of mild, moderate, and strenuous intensity in a typical week. A score of 7.5 or more is consistent with the minimum level of physical activity currently recommended by the Department of Health and Human Services; a score of 21 or more is consistent with the level recommended by the Institute of Medicine.
The 3-month follow-up assessment included a measure of test-related distress and questions to gauge behavior associated with health surveillance or screening. Test-related distress was measured with the 22-item Impact of Events Scale–Revised.18,19 A score of more than 8 on the Avoidance and Intrusion subscales is thought to indicate “some impact,” and a score of more than 23 is thought to indicate clinically significant distress. We also asked whether subjects had undergone any of 13 health-screening tests since receiving their results, whether they intended to undergo any of these tests with greater frequency than before they had received their results, whether they had spoken with a genetic counselor about their results, and whether they had shared their results with their physician.
We designed our study to be consistent with the designs of previous single-gene, single-condition studies that have evaluated the psychological, behavioral, and clinical effects of genetic testing on conditions such as breast and colorectal cancer.6 The evaluation of clinical effects (e.g., on the use of screening tests) is particularly relevant, given the concern that direct-to-consumer testing may result in overutilization of medical testing and resources.20
Procedures
Study procedures pertaining to enrollment and administration of the baseline health assessment have been described in detail previously.11 Ninety days after subjects received their results, we sent an e-mail message to each of them, requesting that they complete the follow-up health assessment. Initially, we sent three e-mail requests within a 6-week time frame and classified subjects who did not complete follow-up within 6 weeks as lost to follow-up. Toward the end of the study, however, we streamlined the follow-up assessment so that the time-to-complete interval was cut by approximately 50%. We then sent a final set of e-mail reminders to subjects who had not completed follow-up, offering an incentive for their completion. Thus, what we call the “original” 3-month follow-up was closed to completion in February 2010, and the “short” follow-up was closed to completion in March 2010.
Personalized Genomic Test
We examined the effect of direct-to-consumer genomewide scanning with the Navigenics Health Compass,2 a commercially available genomewide risk test of uncertain clinical validity and utility (see the Methods section and Figure 1 in the Supplementary Appendix, available with the full text of this article at NEJM.org). Table 1Table 1
Risk Index Provided to Study Subjects by Navigenics and Composite Risk Analysis Variables. provides an overview of the risk information provided by Navigenics to study subjects. In the context of this study, we focused our analyses on two risk-information formats provided to subjects: estimated lifetime risk (estimated risk of a particular condition, expressed as a percentage) and color-coded risk (with orange representing a condition for which the subject's estimated lifetime risk was more than 20% above average or for which the overall lifetime risk was more than 25%).
Genetic Counseling and Safety Monitoring
Genetic counseling that is provided by the staff of board-certified genetic counselors at Navigenics was made available at no charge to study subjects. In addition, Navigenics provided proactive outreach to study subjects on the basis of their risk results (see the Methods section in the Supplementary Appendix).
Outcome Measures
The prespecified primary outcomes were changes in subjects' anxiety symptoms, dietary fat intake, and exercise behavior. The reduction of dietary fat intake is a common health recommendation aimed at reducing individual risk for several of the conditions on the Navigenics Health Compass panel. For this reason, total fat intake is a useful outcome measure for assessment of the behavioral effect of such genetic testing.
Prespecified secondary outcomes were test-related distress and the use of screening tests, as measured by self-reported completion of screening or medical testing and intention to undergo screening or medical testing with greater frequency after the genetic testing.
Study Oversight
The study was funded by the National Institutes of Health and the Scripps Genomic Medicine Division of Scripps Health, which provided subsidies for the subjects' purchase of the Navigenics test and receipt of genetic-counseling services. Navigenics did not provide any financial support for the study and was not involved in the study design, the accrual or analysis of data, the preparation of the manuscript, or the decision to submit the manuscript for publication.
Statistical Analysis
All statistical analyses were conducted with the use of statistical software packages SPSS and OriginPro 8.1 and the Dimension Research resources for computing z-tests and confidence intervals for proportions.21 Two-sided t-tests, Mann–Whitney U tests, or chi-square tests were used to compare baseline variables for subjects who completed follow-up with those for subjects who were lost to follow-up. Baseline and follow-up scores on assessments of anxiety level, dietary fat intake, and exercise activity were adjusted for age, sex, education, ancestry (white or nonwhite), income, health-related occupation, follow-up interval in days, and original versus short follow-up. Adjusted scores were then tested by means of the Wilcoxon signed-rank test for related samples. We totaled the number of screening tests that each subject reported they would complete with greater frequency after genetic testing, with adjustment for covariates, and used a one-sample Wilcoxon signed-rank test to determine whether the number was significantly increased from zero. Percentages were used to qualitatively describe scores on the Impact of Events Scale–Revised.
We used linear regression, with adjustment for the eight covariates and baseline scores on each measure, to assess the relationship between follow-up assessments (scores for anxiety level, dietary fat intake, and exercise activity) and the average estimated lifetime risk of all conditions for which results were viewed, the proportion of conditions that were color-coded orange, and the estimated lifetime risk and color-coded risk for each of the 23 individual conditions. Each subject received results for 22 conditions, with sex-specific calculated risks of breast and prostate cancer. We carried out a parallel analysis of scores on the Impact of Events Scale–Revised. We tested for a correlation between the use of screening tests and the two composite risk estimates (as above), using Spearman's rank correlation coefficients. However, to test associations with risk estimates for specific conditions, each screening test was matched with corresponding conditions of varying degrees of relevance and tested with the use of logistic regression, with the screening test as the dependent variable and the eight covariates plus the condition-specific risk estimate as the independent variables (Table 1 in the Supplementary Appendix).
We also determined the proportion of subjects who reported speaking with a genetic counselor about their results or sharing their results with their physician. We tested the extent to which either of these factors was associated with changes in follow-up scores for anxiety, diet, exercise, or test-related distress, using linear regression. A P value of less than 0.05 was considered to indicate statistical significance. All reported P values are uncorrected for multiple testing.
Results
Characteristics of the Subjects
Enrollment and Outcomes. depicts enrollment numbers and outcomes. Descriptive statistics for demographic and outcome variables are shown in Table 2Table 2
Baseline Comparisons between Subjects Who Completed Follow-up and Those Who Withdrew, Withheld DNA Sample or Did Not View Results, or Were Lost to Follow-up., as are baseline comparisons of these variables for the 2037 subjects (56.0%) who completed follow-up versus the 55 subjects who completed a baseline assessment but eventually withdrew, the 223 subjects who withheld their sample or did not view their results, and the 1310 subjects who viewed their results but were lost to follow-up. Median baseline scores for anxiety, dietary fat intake, and exercise suggest that the general health of the subjects was good. The same baseline comparisons were also performed between the 1720 subjects who completed the originally planned 3-month assessment (84.4%) and the 317 subjects who completed the short follow-up assessment (15.6%) (Table 2 in the Supplementary Appendix). The mean (±SD) follow-up interval was 5.6±2.4 months.
We further compared selected demographic characteristics of our sample with those of a representative sample of Navigenics customers who did not participate in the study, and observed no significant differences (Table 3 in the Supplementary Appendix). In addition, there was no significant difference in the composite genetic risk estimates between subjects who completed follow-up and those who were lost to follow-up or between those who completed the original follow-up assessment and those who completed the short follow-up assessment (Table 4 and Table 5 in the Supplementary Appendix).
Overall Effect of Testing
We observed no significant differences in the level of anxiety, dietary fat intake, or exercise behavior between baseline and follow-up for the sample as a whole (Table 3Table 3
Primary Outcome Measures before and after Receipt of Results of Genetic Testing for 2037 Subjects Who Completed Follow-up.). On the Impact of Events Scale–Revised, the mean score for the sample overall was 3.2±7.1, indicating no distress. On the Avoidance and Intrusion subscales, 90.3% of subjects had a total score of 8 or less, indicating no test-related distress, and 97.2% had a total score of 23 or less, indicating no clinically significant test-related distress.
Association between Condition-Specific Risk Estimates from Genomewide Profiling and Intended or Actual Completion of Screening Tests. shows actual and intended use of screening tests after genetic testing. Overall, the subjects were nearly evenly divided on whether they intended to undergo additional screening or medical testing on the basis of their results (Figure 2 in the Supplementary Appendix). However, the number of screening tests that subjects intended to complete with greater frequency after genetic testing was found to be significantly increased from zero (mean, 1.8±2.6; P<0.001). color="#000099">Effect of Testing and Genomic Risk
There were no significant associations between composite measures of risk and follow-up scores on anxiety level, dietary fat intake, and exercise behavior (Table 6 and Table 7 in the Supplementary Appendix). There also was no significant association between composite measures of risk and the total number of screening tests actually completed after genetic testing. However, we did observe significant associations between composite measures of risk and the total number of screening tests that subjects intended to complete with greater frequency after genetic testing (correlation with mean estimated lifetime risk, rs=0.046; P=0.04; correlation with proportion of orange-coded conditions, rs=0.028; P=0.21), as well as test-related distress (correlation with average estimated lifetime risk, β=0.117; P<0.001; p="0.02)" color="#000099">Sharing Results
A total of 10.4% of subjects reported discussing their results with a Navigenics board-certified genetic counselor, and 26.5% reported sharing their results with their physician. Speaking with a genetic counselor was not associated with test-related distress or changes in anxiety level, dietary fat intake, or exercise behavior at follow-up. In addition, the sharing of results with a physician was not associated with test-related distress or a change in anxiety level but was associated with lower fat intake (β=−0.040, P=0.009) and increased exercise activity (β=0.049, P=0.003) (Figure 4 in the Supplementary Appendix).
Discussion
In a selected group of subjects who underwent direct-to-consumer genomewide risk profiling with a commercially available test, prospective short-term assessment of those who completed follow-up did not show measurable changes in anxiety level, dietary fat intake, or exercise behavior after genetic testing. We observed no indication of test-related distress in 90.3% of the subjects and no evidence of increased use of screening tests. Generally speaking, our findings support the null hypothesis (that provision of the results of a direct-to-consumer genomic risk test does not affect health-related behavior), but the potential effects on the population at large are still unknown.
Direct-to-consumer genomic risk testing recently attracted national attention when one company that offers such testing, Pathway Genomics,3 announced it would sell its DNA saliva kits at Walgreen stores nationwide.22 This announcement led the Food and Drug Administration to consider whether the federal regulatory approval of consumer genomic tests is warranted.23 The controversy has been complicated in part by a lack of prospective data regarding the effect of testing on consumers and on the clinical validity and utility of the tests. Our study was not designed to test the clinical validity and utility of the Navigenics Health Compass, nor does it shed any light on these critically important characteristics. Our focus was on evaluating the effect of testing in a selected group of consumers. We found no evidence that learning the results of genomic risk testing had any short-term psychological, behavioral, or clinical effects on the study subjects. The subjects in our study are probably representative of the current population of persons who purchase these tests, although they probably are not representative of the population at large. Subjects who might have been harmed psychologically by testing may have declined to participate or may have dropped out of the study. The failure of a large percentage of subjects (44%) to complete the study is notable.
Half the study subjects reported that they intended to undergo one or more screening tests more frequently in the future, but this finding is in part driven by a small number of subjects who reported their intention to undergo a large number of screening or medical tests more frequently (Figure 2 in the Supplementary Appendix). Moreover, in general, the likelihood that reported intentions will translate into actual increases in use is extremely low. This may be a good thing, given that the majority of the screening tests we assessed are considered inappropriate for asymptomatic persons (Table 1 in the Supplementary Appendix). In most instances, the use of such tests would probably result in a waste of health care resources.20
The uncertain clinical validity and utility of genomewide testing also suggest that screening decisions that are based on the results of such tests may be ill considered.20,24 The data from these tests provide highly limited information, since they are derived from genomewide association studies that have yielded variants accounting in most cases for less than 10% of the heritability of the diseases studied. Thus, such studies are underpowered to provide meaningful estimates of genetic risk. Regardless of the accuracy of the risk estimates, however, the question we were attempting to address is the extent to which the reported risk had an effect on behavior. There is also evidence that different genomewide testing companies and laboratories produce discrepant risk estimates, with some indicating increased risk and others indicating decreased risk (as compared with average risk) for the same condition in the same person.24 We did not determine whether some of the subjects underwent testing with other companies or laboratories; if they did, they may have received discordant results, which could have resulted in confusion and adverse psychological effects. Furthermore, subjects may have been aware of the lack of established clinical validity and utility of direct-to-consumer genotyping platforms; such knowledge may have influenced the results of this study.
Only 10% of the subjects who completed follow-up reported speaking with a genetic counselor about their results, despite the fact that counseling services were provided free of charge. Perhaps this finding has to do with the high educational level and possibly greater-than-average scientific acumen of the subjects in our study. On the other hand, 26% of the subjects reported sharing their results with their physician. A recent survey showed that only 10% of physicians thought they had the necessary training and knowledge in genomics25 to use genetic testing in treating patients. Together, these findings point to a void with respect to physician knowledge of and education in genomics. We also observed that speaking with a genetic counselor or sharing results with a physician was not associated with changes in anxiety levels after genetic testing.
There are several limitations of our study. First, we studied a sample of convenience that consisted of subjects who elected to undergo testing, and our longitudinal cohort design did not include a control group. Second, the subjects in our study are clearly not representative of the broader U.S. population, and we therefore cannot draw conclusions about the effect of genomewide testing on the population at large. Third, 44% of subjects who elected to undergo testing did not complete follow-up. Fourth, our recruitment strategy allowed enrollment of spouses and family members; thus, some observations are probably not independent. Fifth, our study relied on brief, Web-based, self-reported assessment of health behavior, which can be less reliable than in-person assessment and less sensitive than other measures. Sixth, our findings are based on a single, short-term follow-up assessment and do not speak to the long-term effects of testing. Seventh, since we did not obtain data on screening behavior before genetic testing, a possible explanation for the negative results in terms of clinical effect is that subjects were already engaging in risk-reduction behavior before the start of the study.
In conclusion, in a selected group of subjects who chose to undergo direct-to-consumer genomewide testing, we found no short-term changes in psychological health, diet and exercise behavior, or use of screening tests. Potential effects of this type of genetic testing on the population at large are not known.
Source Information
From Scripps Genomic Medicine, Scripps Translational Science Institute, and Scripps Health (C.S.B., N.J.S., E.J.T.); the Department of Molecular and Experimental Medicine, Scripps Research Institute (N.J.S., E.J.T.), and Scripps Clinic (E.J.T.), La Jolla, CA.
Address reprint requests to Dr. Topol at Scripps Translational Science Institute, 3344 N. Torrey Pines Ct., Suite 300, La Jolla, CA 92037, or at etopol@scripps.edu.
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viernes, 11 de febrero de 2011

CIRUGIA PRENATAL DE MIELOMENINGOCELE


Original Article
A Randomized Trial of Prenatal versus Postnatal Repair of Myelomeningocele
N. Scott Adzick, M.D., Elizabeth A. Thom, Ph.D., Catherine Y. Spong, M.D., John W. Brock, III, M.D., Pamela K. Burrows, M.S., Mark P. Johnson, M.D., Lori J. Howell, R.N., M.S., Jody A. Farrell, R.N., M.S.N., Mary E. Dabrowiak, R.N., M.S.N., Leslie N. Sutton, M.D., Nalin Gupta, M.D., Ph.D., Noel B. Tulipan, M.D., Mary E. D'Alton, M.D., and Diana L. Farmer, M.D. for the MOMS Investigators
February 9, 2011 (10.1056/NEJMoa1014379)

Prenatal repair of myelomeningocele, the most common form of spina bifida, may result in better neurologic function than repair deferred until after delivery. We compared outcomes of in utero repair with standard postnatal repair.
Methods

We randomly assigned eligible women to undergo either prenatal surgery before 26 weeks of gestation or standard postnatal repair. One primary outcome was a composite of fetal or neonatal death or the need for placement of a cerebrospinal fluid shunt by the age of 12 months. Another primary outcome at 30 months was a composite of mental development and motor function.
Results

The trial was stopped for efficacy of prenatal surgery after the recruitment of 183 of a planned 200 patients. This report is based on results in 158 patients whose children were evaluated at 12 months. The first primary outcome occurred in 68% of the infants in the prenatal-surgery group and in 98% of those in the postnatal-surgery group (relative risk, 0.70; 97.7% confidence interval [CI], 0.58 to 0.84; P<0.001). p="0.007)">

Prenatal surgery for myelomeningocele reduced the need for shunting and improved motor outcomes at 30 months but was associated with maternal and fetal risks. (Funded by the National Institutes of Health; ClinicalTrials.gov number, NCT00060606.)
Spina bifida is the most common of congenital anomalies of the central nervous system that are compatible with life. The most frequent form is myelomeningocele, characterized by the extrusion of the spinal cord into a sac filled with cerebrospinal fluid, resulting in lifelong disability. Despite folic acid fortification, the incidence of myelomeningocele has stabilized at 3.4 per 10,000 live births in the United States.1 Liveborn infants with myelomeningocele have a death rate of approximately 10%.2-4 Long-term survivors have major disabilities, including paralysis and bowel and bladder dysfunction. Damage to the spinal cord and peripheral nerves usually is evident at birth and is irreversible despite early postnatal surgical repair. The severity of the neurologic disability in the lower limbs is correlated with the level of the injury to the spinal cord.5
Nearly all infants who are born with myelomeningocele have the Arnold–Chiari II malformation, which includes a constellation of anomalies that include hindbrain herniation (downward displacement of the medulla, fourth ventricle, and cerebellum into the spinal canal), brain-stem abnormalities, low-lying venous sinuses, and a small posterior fossa. This malformation is also associated with hydrocephalus and developmental brain abnormalities. Hydrocephalus is treated by diverting cerebrospinal fluid to the peritoneal cavity by the surgical placement of a shunt, which then requires lifelong monitoring. Surgical revisions are common to address shunt failure or infection.6 The Arnold–Chiari II malformation has well-documented effects on motor, cranial-nerve, and cognitive functions, which are compounded by the adverse effects of hydrocephalus and shunting.5
Sequential ultrasonographic images that are obtained from fetuses with myelomeningocele suggest that insults to both the central and peripheral nervous systems may be progressive. Movement in the lower limbs may be lost, and hindbrain herniation and hydrocephalus may worsen during fetal gestation.7,8 In studies in animals, prenatal coverage of a spina bifida–like lesion preserved neurologic function and improved hindbrain herniation.9-13 These data suggest a “two-hit” hypothesis in which the final neurologic deficit results from a combination of failure of neural-tube formation and spinal cord injury resulting from prolonged exposure of neural elements to the intrauterine environment.
Human prenatal myelomeningocele repair by hysterotomy was first performed in 1997, and by 2003, more than 200 fetuses had undergone the procedure. Early data suggested a dramatic improvement in hindbrain herniation in comparison with historic controls but also showed an increased maternal risk, including preterm labor and uterine dehiscence, and a substantially increased risk of fetal or neonatal death and preterm birth.14,15 We performed the Management of Myelomeningocele Study (MOMS) to compare the safety and efficacy of prenatal repair of myelomeningocele with that of standard postnatal repair.
Methods
Recruitment and Study Population
We conducted the trial at three maternal–fetal surgery centers — the Children's Hospital of Philadelphia, Vanderbilt University, and the University of California, San Francisco — together with an independent data-coordinating center at George Washington University and with the Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development. All other fetal-intervention centers in the United States agreed not to perform prenatal surgery for myelomeningocele while the trial was ongoing. The trial was approved by the institutional review board at each center. The study protocol, including the statistical analysis plan and full inclusion and exclusion criteria, is available with the full text of this article at NEJM.org.
Inclusion criteria were a singleton pregnancy, myelomeningocele with the upper boundary located between T1 and S1, evidence of hindbrain herniation, a gestational age of 19.0 to 25.9 weeks at randomization, a normal karyotype, U.S. residency, and maternal age of at least 18 years. Major exclusion criteria were a fetal anomaly unrelated to myelomeningocele, severe kyphosis, risk of preterm birth (including short cervix and previous preterm birth), placental abruption, a body-mass index (the weight in kilograms divided by the square of the height in meters) of 35 or more, and contraindication to surgery, including previous hysterotomy in the active uterine segment.
Study Procedures
Women who were interested in the trial contacted the coordinating center, and if eligible, they were referred to one of the three clinical centers for evaluation and randomization after they provided written informed consent. Randomization to undergo either prenatal or postnatal surgery in a 1:1 ratio was accomplished on a secure Web site maintained by the coordinating center, with randomization sequences stratified according to center with the use of the simple urn method.16 For patients who were assigned to the prenatal-surgery group, myelomeningocele repair by study-approved surgeons was performed with the use of standardized operative techniques and perioperative management (Figure 1Figure 1
Prenatal Repair of Myelomeningocele.; details are provided in the Supplementary Appendix, available at NEJM.org). Women in the prenatal-surgery group stayed nearby with a support person until cesarean delivery at 37 weeks of gestation (if still undelivered), whereas women in the postnatal-surgery group went home and returned to the center at 37 weeks for cesarean delivery and postnatal repair by the same surgical team.
All children were evaluated at 12 and 30 months of age on the basis of physical and neurologic examinations and developmental testing. The 12-month examination included radiography of the spine to determine the anatomical level of the lesion and magnetic resonance imaging of the head and spine. Trained independent pediatricians and psychologists who were unaware of study-group assignments and who reported directly to the coordinating center conducted the testing. Patients who were unable or unwilling to return to the center received a home visit by the follow-up team.
Primary Outcomes
Two primary outcomes were prespecified. The first outcome, at 12 months, was a composite of fetal or neonatal death or the need for a cerebrospinal fluid shunt (either placement of the shunt or meeting objective criteria for its placement) (for details, see the Supplementary Appendix). Because this trial was unmasked and criteria for shunt placement vary widely, an independent committee of neurosurgeons, who were unaware of study-group assignments, reviewed the clinical and radiologic data for each child to determine whether criteria for shunt placement were met.
The second primary outcome, at 30 months, was a composite score of the Mental Development Index of the Bayley Scales of Infant Development II and the child's motor function, with adjustment for lesion level. The anatomical level of the lesion was determined by an independent group of radiologists on the basis of the 12-month radiograph. An independent pediatrician determined the functional level of the lesion by assessing motorsensory and distal somatosensory function, a determination that was confirmed by videotape review by an independent expert. The difference between the functional level and anatomical level in vertebral segments was calculated. The Bayley scores were ranked across all infants, with fetal, neonatal, or infant deaths being assigned the lowest rank. The same procedure was separately conducted for the calculated difference between functional and anatomical level. The composite score for each infant consisted of the sum of the two ranks.17
Secondary Outcomes
Maternal, fetal, and neonatal secondary outcomes included surgical and pregnancy complications and neonatal morbidity and mortality. Infant secondary outcomes were radiographic appearance of components of the Chiari II malformation, as evaluated by independent radiologists; the time to the first shunt placement (or meeting the criteria for such placement); locomotion; the Psychomotor Development Index of the Bayley Scales; scores on the Peabody Developmental Motor Scales; the degree of functional impairment on the basis of physical examination; and the degree of disability, as measured by the WeeFIM (Functional Independence Measure for Children) instrument.
Statistical Analysis
We determined that the enrollment of 100 patients per study group would provide a power of more than 90% (with a two-sided type I error of 5%) to detect a 28% reduction in the first primary outcome, assuming an 80% shunt rate in the postnatal-surgery group among children who survived to 12 months of age,18 a 5% rate of death before shunt placement, and a 5% loss to follow-up. The reduction was calculated on the assumption of a 5% death rate and a 30% reduction in shunt placement (or meeting shunt criteria) among survivors in the prenatal-surgery group. This sample size was also sufficient to detect a difference of 0.5 SD of the composite score, with a power of more than 90%. Analyses were performed according to the intention-to-treat principle. We compared continuous variables using the Wilcoxon test and categorical variables using the chi-square test, Fisher's exact test, or the Cochran–Armitage test for trend. We analyzed the time to shunt placement (or meeting shunt criteria) using Kaplan–Meier survival curves and log-rank tests. An independent data and safety monitoring committee monitored the trial. A group sequential method was used to characterize the rate at which the type I error was spent; the chosen spending function was the Lan–DeMets characterization of the O'Brien–Fleming boundary.19
Four interim analyses were performed for each primary end point; at the fourth analysis, the critical values for the stopping boundary corresponded to a P value of 0.0233 for the 12-month outcome and 0.0123 for the 30-month outcome. For the first primary end point, we report the 97.7% confidence interval for the relative risk. For all secondary outcomes, a nominal P value of less than 0.05 was considered to indicate statistical significance, without adjustment for multiple comparisons. Relative risks and 95% confidence intervals are reported for dichotomous variables.
Results
Patients
From February 2003 through December 2010, a total of 183 eligible women underwent randomization (Figure 2Figure 2
Enrollment and Outcomes.). In the prenatal-surgery group, one woman chose postnatal surgery after randomization, and two women returned home for delivery. In the postnatal-surgery group, seven women chose not to return to the clinical center for delivery, and four were unable to return because of preterm labor or other complications.
The data and safety monitoring committee met on December 7, 2010, and recommended termination of the trial on the basis of efficacy of prenatal surgery. Of the 183 women who underwent randomization, this report is based on the findings in 158 women who underwent randomization before July 1, 2009 (i.e., the outcome cohort reviewed by the committee). For outcomes up to 30 months, the report is based on the findings in 134 women who underwent randomization before December 1, 2007.
Baseline characteristics were similar between groups, except that there were fewer female fetuses and the lesion level was more severe in the prenatal-surgery group (P=0.02 for both comparisons)

Pregnancy and Neonatal Complications
There were no maternal deaths. Pregnancy complications were more common among women in the prenatal-surgery group (Table 2Table 2
Maternal and Fetal or Neonatal Outcomes.). Maternal morbidity and pregnancy complications that were related to prenatal surgery included oligohydramnios, chorioamniotic separation, placental abruption, and spontaneous membrane rupture. One third of women who underwent prenatal surgery had an area of dehiscence or a very thin prenatal uterine surgery scar at the time of delivery. Fetuses that were treated prenatally were born at an average gestational age of 34.1 weeks, and 13% were delivered before 30 weeks of gestation, whereas those in the postnatal-surgery group were born at an average of 37.3 weeks of gestation with none delivered before 30 weeks.
The rates of adverse neonatal outcomes were generally similar between the two groups. However, one fifth of those in the prenatal-surgery group had evidence of the respiratory distress syndrome, which was probably caused by prematurity. There were no significant between-group differences in the rates of other complications of prematurity.
Two perinatal deaths occurred in each group. In the prenatal-surgery group, an intrauterine fetal death was diagnosed at 26 weeks (a stillbirth), and a neonatal death due to prematurity was diagnosed at 23 weeks; both deaths occurred on the fifth postoperative day. In the postnatal-surgery group, two neonates died, both with severe symptoms of the Chiari II malformation; both had received shunts.
First Primary Outcome
The first primary outcome, fetal or neonatal death or the need for a cerebrospinal fluid shunt by the age of 12 months, occurred in 68% of infants in the prenatal-surgery group and in 98% in the postnatal-surgery group (relative risk, 0.70; 97.7% confidence interval [CI], 0.58 to 0.84; P<0.001) color="#000099">Second Primary Outcome
The second primary outcome — a score derived from the Bayley Mental Development Index and the difference between the functional and the anatomical level of the lesion at 30 months — was significantly better in the prenatal-surgery group than in the postnatal-surgery group (P=0.007). (Ranges of scores and implications of higher scores are provided in Table 4Table 4
Outcomes of Children at 30 Months..) There were two deaths (one in each group) between 12 and 30 months of age; the death in the prenatal-surgery group was from coxsackie septicemia, and that in the postnatal-surgery group was from complications of chemotherapy for choroid plexus carcinoma.
Secondary Outcomes
In post hoc analyses, infants in the prenatal-surgery group were more likely to have a level of function that was two or more levels better than expected according to the anatomical level (32% vs. 12%, P=0.005) and less likely to have a level of function that was two or more levels worse than the expected level (13% vs. 28%, P=0.03) than were infants in the postnatal-surgery group. Although the ability to walk is dependent on lesion level, children in the prenatal-surgery group were more likely than those in the postnatal-surgery group to be able to walk without orthotics or devices (42% vs. 21%, P=0.01). On both the Bayley and Peabody motor scales, the prenatal-surgery group had better motor function than the postnatal-surgery group, even though those in the prenatal-surgery group had more severe anatomical levels of lesions. Parent-reported self-care and mobility, as measured by the WeeFIM instrument, were significantly better in the prenatal-surgery group. There were no significant between-group differences in cognitive scores.
Discussion
As compared with postnatal surgery, prenatal surgery for myelomeningocele that was performed before 26 weeks of gestation decreased the risk of death or need for shunting by the age of 12 months and also improved scores on a composite measure of mental and motor function, with adjustment for lesion level, at 30 months of age. Prenatal surgery also improved several secondary outcomes, including the degree of hindbrain herniation associated with the Chiari II malformation, motor function (as measured by the difference between the neuromotor function level and anatomical lesion level), and the likelihood of being able to walk independently, as compared with postnatal surgery.
Despite having more severe lesions and a nearly 13% incidence of preterm delivery before 30 weeks, the prenatal-surgery group had significantly better outcomes than the postnatal-surgery group. The improvements were probably associated with the timing of the repair, which may have permitted more normal nervous-system development prenatally. Reductions in rates of shunt placement (or need for shunting) in the prenatal-surgery group were probably due to the reduction in rates of hindbrain herniation and improved flow of cerebrospinal fluid. In the case of infants with low lumbar and sacral lesions, in whom less impairment in lower-limb function may be predicted, the normalization of hindbrain position and the minimization of the need for postnatal placement of a cerebrospinal fluid shunt may be the primary indication for surgery.
Potential benefits of prenatal surgery must be balanced against the risks of prematurity and maternal morbidity. Prenatal surgery was associated with higher rates of preterm birth, intraoperative complications, and uterine-scar defects apparent at delivery, along with a higher rate of maternal transfusion at delivery. Chorioamniotic separation, which increases the risk of premature membrane rupture,20 was observed on ultrasonography in one fourth of women after prenatal surgery. Preterm labor leading to early delivery, placental abruption, and pulmonary edema associated with tocolytic therapy are well-known complications of prenatal surgery. The assessment of the hysterotomy site at the time of delivery revealed thinning or an area of dehiscence in more than one third of the women. Since uterine dehiscence and rupture in a subsequent pregnancy are recognized risks of prenatal surgery,21 mothers who undergo prenatal surgery must understand that all subsequent pregnancies should be delivered by cesarean before the onset of labor.
Several aspects of the prenatal-surgery technique that was used in this trial warrant comment. All surgeons used a stapling device with absorbable staples for uterine entry. This approach minimizes blood loss and, in contrast with the use of metal staples, does not impair subsequent fertility.21-23 In all cases, a multidisciplinary team of experts followed a standard protocol to perform fetal surgery. The results of this trial should not be generalized to patients who undergo procedures at less experienced centers or who do not meet the eligibility criteria. For example, a body-mass index of 35 or more was an exclusion criterion for safety reasons, even though obesity is common among women carrying a fetus with myelomeningocele. Although the prenatal-surgery group had better outcomes than the postnatal-surgery group, not all infants benefited from the early intervention, and some had a poor neuromotor outcome. Finally, for the children in this study, continued follow-up is needed to assess whether the early benefits are durable and to evaluate the effect of prenatal intervention on bowel and bladder continence, sexual function, and mental capacity.
Previous cohort studies have suggested improved outcomes with prenatal surgery for myelomeningocele.24-28 However, since comparisons between infants who were treated in utero and historical controls are subject to substantial bias, results from a randomized trial were needed to confirm benefits and inform risks. In our study, prenatal surgery for myelomeningocele reduced the need for shunting and improved motor outcomes at 30 months, but the early intervention was associated with both maternal and fetal morbidity.


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