ESPACIO PARA LA DISCUSION LIBRE Y PLURAL, DE LA INTERACCION DE LA GENETICA Y LA SEXUALIDAD HUMANA Y SUS REPERCUSIONES CULTURALES Y ETICAS EN EL MUNDO CONTEMPORANEO

GENETICA , SEXOLOGIA Y BIOETICA

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CD. DE MEXICO, D.F., Mexico
MEDICO GENETISTA, SEXOLOGO.ACADEMICO DE LA FACULTAD DE MEDICINA UNAM. MIEMBRO NUMERARIO DE LA ACADEMIA NACIONAL MEXICANA DE BIOETICA. . rafaelrico46@gmail.com CEL: 55-3117-8796 facebook.com/leon.rafik

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lunes, 7 de enero de 2013

LA CIENCIA EN LA BIOETICA

XII Ateneo de Bioética
Los métodos de la bioética
A Coruña, 29 noviembre 2011

Podríamos definir la metodología científica como el procedimiento ordenado que se sigue para descubrir, demostrar y aportar un conocimiento científicamente válido. La bioética, al igual que otras disciplinas, necesita para su desarrollo una metodología científica. Los tipos tradicionales de esta metodología –cuantitativa y cualitativa–, ambos con amplia validez, trabajan en campos de actuación demasiado cerrados para una disciplina que es, por definición, un campo interdisciplinario y, por ello, está abierta a variadas estrategias de investigación. Por el momento se han retomado los métodos clásicos pero con una clara intención de aceptar otras formas de abordajes. Si en la bioética confluyen una serie de disciplinas, lo mismo ocurre con los métodos.
El XII Ateneo de Bioética celebrado en La Coruña se dedicó a los distintos métodos susceptibles de ser aplicados en bioética. Las propuestas fueron variadas y creativas, como corresponde a un foro abierto y plural.
A partir de una revisión de los métodos hasta ahora válidos y reconocidos en medicina, los ponentes plantearon la posibilidad de aplicarlos en la bioética. Francisco de Abajo, Profesor de Farmacología de la Facultad de Medicina de Alcalá, se centró en la revisión de los métodos cuantitativos. Harper en un artículo publicado en el BMJ titulado “Hacia una bioética basada en la evidencia” vino a concluir que el método empírico es necesario también para esta disciplina. Los datos empíricos nos dan información útil para alcanzar juicios morales correctos y son necesarios para no cometer errores basados en intuiciones como ha ocurrido, en ocasiones, en medicina.
Partiendo de la definición ya clásica de bioética de Van Rensselaer Potter (“el proceso de contrastación de los hechos biológicos con los valores humanos, a fin de globalizar los juicios sobre las situaciones y de esa forma mejorar la toma de decisiones, incrementando su corrección y su calidad) hay que destacar que los hechos biológicos no se comportan de acuerdo a un modelo determinista: “Es imposible predecir el cambio de una variable respecto a otra de forma precisa –afirmó este experto-; por esta razón, en epidemiología, se ha comprobado que sujetos expuestos a un determinado factor de riesgo no siempre desarrollan una enfermedad”. Una variable puede estar asociada o correlacionada con otra, pero no es capaz de predecir de forma perfecta su evolución. Los hechos biológicos son variables entre individuos y dentro del mismo individuo a lo largo del tiempo.
En este sentido, no podemos esperar un resultado de todo o nada. Las experiencias individuales no son base suficiente para extraer un conocimiento riguroso, de ahí que sea necesario calcular la probabilidad de éxito o de fracaso y comparar las diferentes alternativas. Así surgió el método numérico como una forma de cuantificar los problemas y compararlos entre sí: “con el método numérico dejamos de hablar del ojo clínico, de una cierta capacidad de adivinación de los médicos, para dar paso al análisis de una serie más o menos larga de hechos precisos y detallados hasta el extremo de poder facilitar respuestas al mayor número de preguntas posibles”. Esto es el fundamento de la medicina basada en la evidencia: la forma de avanzar es la observación sistemática; a medida que aumenta la calidad del estudio aumenta la evidencia. “La cuestión -prosiguió- es que la bioética contrasta valores biológicos con valores humanos; la pregunta que deberíamos hacernos es si se comportan de forma parecida. Hoy día sabemos que si llegamos a concretar principios éticos universales hay que tener en cuenta el contexto histórico, social, y las preferencias del individuo, y todo ello sin caer en el relativismo ético. Pero a pesar de esto, llama la atención que lo poco que se investiga en bioética se haga según métodos más débiles, como los descriptivos, los que menos validez tienen a la hora de escoger pruebas. Por tanto, los métodos cuantitativos han sido fundamentales para cambiar la práctica de la medicina y no veo porque no pueden ayudar a la reflexión bioética”.
La investigación empírica no es investigación bioética
El abordaje del objeto de estudio de la bioética se puede hacer desde algunas de las posturas teóricas de las ciencias sociales, como lo es la investigación cualitativa, desde la cual el investigador pretende conseguir datos sobre las percepciones "desde dentro", a través de un proceso de comprensión empática con la intención de alcanzar una perspectiva general "holística" de la cultura y el contexto del objeto de estudio.
Para Abel Novoa, Médico de Familia en el Centro de Salud de Alguazas, Murcia, la investigación empírica no es investigación en bioética, y por eso defendió los métodos cualitativos como un modo más adecuado para la investigación en esta disciplina.
La realidad se puede observar desde varias perspectivas. Desde la experiencia, desde la visión artística, la metafísica y desde la investigación. Esta última ha destacado porque tiene un método propio y tan importante que ha servido para diferenciar desde hace siglos lo que es ciencia de lo que no lo es. El método científico se convirtió en un criterio de demarcación y solo el conocimiento adquirido a través de estos métodos era el válido. Así, se creó una división ya clásica entre las ciencias “verdaderas” (las ciencias de la naturaleza) y las humanidades. La herencia neopositivista se mantiene aún en Medicina: “los profesionales sanitarios somos herederos de este pensamiento, pero desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia esta concepción se ha derrumbado”, afirmó el experto.
Los sistemas de aprendizaje de la medicina han transmitido el ideal del profesional como alguien competente, coherente, objetivo, sin sesgos... Pero en el siglo XX todo cambió. Se recuperó el dualismo epistemológico, lo que suponía dos maneras de estudiar la realidad: una, a partir de la investigación cualitativa, y otra, a través de la metodología basada en el método comprensivo o interpretativo que tenía que ver con las ciencias del espíritu y con la comprensión de valores. Los dos métodos producían un conocimiento válido y ninguno se situaba por encima del otro.
Más adelante, el posmodernismo aplicado a la historia de la ciencia, modificó la concepción de realidad. Mientras que los positivistas defendían que la teoría debía de ser confirmada por datos y despreciaban el contexto del descubrimiento, los filósofos posmodernos dieron mucha importancia a este contexto y se dieron cuenta de que había muchas cosas que confluían: medios económicos, históricos, sociales…, y esto estaba directamente relacionado con la interpretación de las teorías científicas de tal forma que se empezó a dudar de la verdad objetiva y se cambió la categorización de las ciencias. De esta forma, desde el punto de vista epistemológico, las ciencias del espíritu pasaron a situarse, incluso, por encima de las ciencias de la naturaleza. Lo cualitativo por encima de lo cuantitativo.
En este enfoque se encuentran los paradigmas, plataformas conceptuales válidas para la interpretación de la realidad desde los cuales se mantienen ciertos presupuestos teóricos, metodologías y trabajos de investigación. El paradigma como plataforma nos va a permitir reflexionar sobre la bioética como una disciplina que requiere una aproximación epistemológica concreta.
Para Novoa “todos los discursos enmascaran intereses, y no existe un discurso neutral, libre de a prioris”. En este sentido, existe un interés emancipador que se aplica a aquellos conocimientos que intentan articular conocimiento y práctica, teoría y acción, ciencias y filosofía, hechos y valores. Asimismo, habló del interés técnico como el orientado al estudio del dominio de la naturaleza, y que tiene que ver con las ciencias empírico-analíticas, frente al interés práctico, que es aquel que dirige la acción práctica y tiene que ver con las ciencias histórico-hermenéuticas como la historia, la filología o el arte, y el interés emancipatorio, que sería el interés crítico, es decir, el que se atreve a saber y se aplica a las ciencias sociales como la sociología, la política o la filosofía.
Habermas denunciaba que la teoría del conocimiento se había reducido a una teoría de la ciencia y que la objetividad cienticifista y sus implicaciones prácticas son una falsa ilusión por lo que propuso una alternativa, el ideal de una sociedad emancipada en la que sería posible un yo autónomo, reflexivo, capaz de lograr consensos a través del diálogo y libre de toda coacción. Sitúa las ciencias críticas por encima de las ciencias del espíritu y de la naturaleza y defiende que la deliberación sobre los medios es lo que ha interesado a las ciencias empíricas pero es más propia de las ciencias críticas la deliberación sobre los fines.
Llegados a este punto, ¿es la bioética una ciencia crítica? En el nuevo milenio, la función de la bioética será educar a los profesionales y a la población sobre los fines de la ciencia médica. Puede ser una ciencia crítica, ya que es un campo multidisciplinar cuyo interés principal debe ser emancipador y crítico a través de la deliberación sobre los fines.
Pero ¿cómo deliberamos sobre los fines? “Yo elijo la filosofía pragmática -afirmó el experto- la filosofía como respuesta práctica; los fines no se pueden imponer, estarán determinados por la acción de cada día y no están establecidos antes de que comience esa acción”.
Para Van Rensselaer Potter la bioética puede ser llamada la "ciencia de la supervivencia" y debe construirse sobre la ciencia de la biología, ampliada más allá de sus fronteras tradicionales para incluir elementos más esenciales de las ciencias sociales y humanidades; es decir, no se debe considerar una ciencia sola, sino enfatizar más en sus dos más importantes componentes: conocimiento biológico y valores humanos.
“En este momento -continuó- la investigación empírica está en crisis, tenemos evidencias pero no las aplicamos, no se utiliza el conocimiento que tenemos en la realidad. Hay muchos intereses en la investigación y no siempre se investiga de forma libre. También hay una crisis de confianza en el conocimiento profesional, lo que se pide es que la investigación debe bajar a los contextos, hay que utilizar la bioética para cambiar. Yo propongo un método de investigación participativa basado en una forma de conocimiento autorreflexiva que emprenden los participantes en situaciones sociales para mejorar sus propias prácticas desde una perspectiva racional y justa. Se trata de un proceso participativo y democrático”.
Un relato en busca de autor
Lo que parece evidente, según Lydia Feito, profesora de Historia de la Medicina y Bioética de la Universidad Complutense de Madrid, es que se ha producido un giro hermenéutico en Bioética por varias razones: se insiste en el carácter experiencial del pensamiento (lo concreto más que lo abstracto), y dicha experiencia lleva a un análisis del lenguaje y de las ficciones, perspectivas e interpretaciones presentes en los problemas éticos. Bajo esta premisa, la experta se centró en las metodologías, narrativa y hermenéutica, como necesarias para los métodos de investigación en bioética.
La hermenéutica es la filosofía de la interpretación. Tiene una gran tradición en la interpretación de textos bíblicos o jurídicos. Como teoría filosófica surge en el siglo XX con autores como Dilthey, Heidegger, Ricour… y es una reflexión filosófica sobre lo que acontece en la labor de interpretación. Podemos extender la hermenéutica a la acción, a la historia, a la vida: se trata de comprender la propia existencia, y esta búsqueda de sentido se hace a través de relatos. La ética narrativa es una forma de realización de la ética hermenéutica que parte de un supuesto básico: la vida humana es una narración y los seres humanos son actores y autores de esta historia. Cada uno de nosotros se ve a si mismo como un personaje que va realizando un papel. A veces de héroe, a veces de villano; a veces de fracasado o de víctima…, pero también somos autores porque tomamos decisiones.
Por eso, afirmó la autora, “debemos trabajar en los contextos que dan sentido a las prácticas que se llevan a cabo y, por esta razón, se está creando una razón impura, una razón que ya no pretende absolutos ni verdades incuestionables o inmutables”, afirmó. Es ésta una razón directamente relacionada con lo que ocurre en la vida de las personas. Hemos pasado de los grandes discursos a intentar hacer una bioética de lo cotidiano, lo que ha constatado que hay múltiples perspectivas y múltiples interpretaciones: “En la complejidad no valen las explicaciones unívocas ni universales”.
La hermenéutica, además, enfatiza la naturaleza del ser humano como “un relato en busca de autor”, alguien que intenta expresar la narración de su propia existencia intentando construirla en un quehacer en el que tiene que ir tomando decisiones. Para Feito, “este es el modo de llevar a cabo una bioética de la responsabilidad, y la única manera de hacer una deliberación verdadera”.
Tal cambio de perspectiva implica un giro en el pensamiento: pasamos de trabajar con los elementos pensados a centrarnos en los momentos vividos, y esa experiencia tiene un carácter lingüístico porque se puede contar, se puede organizar una narración desde distintas perspectivas. Por eso, en bioética es sospechosa una razón pura, universal, desencarnada, que en la búsqueda de unas pautas universales olvida los contextos. Pero tampoco podemos confiar plenamente en lo contrario, es decir, en partir de lo inductivo, de los casos particulares a efectos de llegar a una generalización. La bioética se sitúa en una posición intermedia cuya característica más importante es la creatividad, un proceso creativo de conocimiento práctico que reivindica el carácter aristotélico de la prudencia: tomar la decisión adecuada, aquí y ahora; no existe lo justo o lo bueno en sí, sino lo justo y lo bueno aquí y ahora. Este modelo es el que viene dado en la deliberación.
La aproximación narrativa enfatiza la posibilidad de comprender los problemas bioéticos como relatos biográficos que forman parte de un modo de ver el mundo y que tienen el potencial de reconfigurar al individuo. Opera con el proceso de mímesis a partir de tres pasos. El primero es la prefiguración; para comprender un relato es necesario comprender previamente las experiencias del lector y las del autor. El segundo paso es la configuración o la construcción literaria de una trama, un relato desarrollado temporalmente. El tercer paso es la refiguración, la aplicación del relato a la propia vida lo que permite transformarla. No es una mera mímesis, sino una interpretación de ella en un proceso casi terapéutico.
De esta forma, los relatos, la literatura, las obras teatrales las películas, sirven para generar y desarrollar lo que M. Neussbaumm llama una “imaginación narrativa” que consiste en la capacidad de pensar cómo sería estar en el lugar de la otra persona. Supone identificarse e imitar, pero también distanciarse de forma crítica y establecer un juicio sobre lo que es relatado: permite un proceso de catarsis.
En bioética, estos procedimientos narrativos se unen a la hermenéutica para intentar superar el cienticifismo. Los métodos empleados por el bioeticista “narrativo” conducen al reconocimiento de una mayor singularidad del caso que la que se evidencia a través del uso de otros métodos más habituales en bioética, como los basados en reglas o en principios. Por ello debe juzgar la fiabilidad de sus hallazgos a través de medios textuales e intersubjetivos. Para ello, existen técnicas que se pueden emplear en la concienciación ética. Una de ellas es a través de la literatura (algunos autores lo han denominado ética mindfulness) partiendo de la lectura y el análisis de textos que expongan denuncias, protestas o actitudes de inconformismo ante realidades injustas. Este método permite, además criticar nuestras propias creencias. También se pueden utilizar las biografías ejemplares. Se trata de analizar las vidas de personas que han promovido posturas éticas y, también se pueden utilizar relatos fílmicos o casos clínicos presentados como textos narrativos más que como descripciones de una situación real. Hay que tener en cuenta que el relato del caso variará según los distintos puntos de vista de los distintos narradores, por eso es bueno trabajar teniendo en cuenta cuáles son los tipos de sesgo que puede introducir un narrador.
Todo esto, sin olvidar que lo narrativo y lo hermenéutico nos introduce en lo incierto y, por tanto, en la pluralidad de perspectivas ante la complejidad y la incertidumbre: Es el contrapunto al saber científico-técnico y nos hace distanciarnos de la propia experiencia y ampliarla. La ética se plantea como una sabiduría práctica que se traduce en la toma de decisiones: conocer lo real para transformarlo en una dinámica más creativa.
Aprender a deliberar
Dicha creatividad está directamente relacionada con la deliberación como método. La deliberación parte de una premisa: yo puedo aportar mis razones, pero éstas nunca son absolutas; los otros también pueden tener sus razones, de manera que si yo escucho al otro, podemos avanzar en nuestro conocimiento de los temas en discusión. El objetivo de la bioética es promover prácticas prudentes y responsables, y para ello es muy importante saber ser deliberativos.
Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud, puso fin a la jornada profundizando en este concepto. El ser humano tiene que decidir y la deliberación es un procedimiento en torno a la toma de las decisiones, y esta toma de decisiones es posible porque el ser humano, desde un punto de vista biológico, necesita proyectar sus actos. Ortega y Heidegger decían que el tiempo del ser humano no es el presente, en el presente viven los animales, el tiempo del hombre es el futuro: “solo los actos proyectados son actos humanos y por tanto morales”.
El ser humano es un animal deliberante, y esa deliberación puede ser individual o colectiva. Pero deliberar es un proceso muy complicado, afirmó Gracia: “normalmente no nos gusta que los demás nos enjuicien o nos lleven la contraria. Nuestras sociedades son poco deliberativas. La deliberación debería formar parte de nuestra educación, pero se nos enseña lo contrario: a que sea nuestra voluntad la que triunfe. Mi tesis es que para deliberar hay que aprender, pues causa cierta angustia admitir que el otro puede tener razón. El que piensa como yo no me puede ayudar; solo me puede ayudar el que piensa de un modo distinto y el que hace esto de algún modo me está agrediendo. Para deliberar hay que bajar la guardia y eso te hace más indefenso”.
Existen algunos impedimentos para la deliberación. Uno es el narcisismo; otra es la ética heterónoma, que consiste en obedecer, en hacer lo que se impone por la sociedad porque no se ha superado el freudiano complejo de Edipo desde el punto de vista de las normas. Por eso los proyectos auténticos son autónomos, no heterónomos ya que los actos morales son siempre independientes.
Para deliberar hay que ser autónomo y tener gran madurez pues la incertidumbre, la indeterminación genera angustia. El problema es que confundimos la deliberación con la negociación y la primera es una tarea mucho más difícil. Necesita de muchas condiciones: ausencia de restricciones externas, buena voluntad y capacidad de dar razones, respeto por los otros cuando están en desacuerdo, deseo de entendimiento, cooperación y colaboración. Éste es el marco para un proceso de deliberación verdadero. La deliberación descansa no en la “decisión” sino en el “compromiso”. Dentro de este marco, y en alguna medida, casi todos los métodos existentes en bioética pueden ser útiles.

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